El patrimonio religioso del sur de Cantabria vuelve este mes de agosto a mirar hacia su pasado. Tres efemérides recuerdan unas restauraciones que permitieron salvar del deterioro varios de los templos representativos de Campoo de Suso y Valderredible y que, al mismo tiempo, se convirtieron en un ejemplo de colaboración entre vecinos, parroquias e instituciones.
La conmemoración más destacada corresponde a la iglesia de San Esteban de La Población de Suso, cuya reinauguración cumple este mes de agosto 35 años. Aquel acto estuvo presidido por el entonces obispo de Santander, José Vilaplana, tras una intensa restauración desarrollada durante seis meses bajo la dirección del párroco, el carmelita Julián Bueno, y con el trabajo desinteresado de seis vecinos del pueblo.
La intervención devolvió la estabilidad a un templo de origen medieval que presentaba un avanzado estado de deterioro. Se renovó la cubierta, se consolidaron los muros, se mejoró la iluminación, se instalaron un nuevo viacrucis y una puerta, y se restauraron diversas imágenes. Los trabajos fueron financiados gracias a la aportación conjunta del Obispado, el Ayuntamiento de la Hermandad de Campoo de Suso y los propios vecinos.
Pero la restauración de San Esteban también deparó importantes hallazgos patrimoniales. Bajo el revestimiento de yeso aparecieron antiguos frescos, salió a la luz una bóveda de cañón románica y se recuperó una pequeña estela de piedra, además de una colección de antiguos libros parroquiales que pudieron ser restaurados. La jornada concluyó con una comida popular en torno a una tradicional olla ferroviaria, reflejo del ambiente de unión que rodeó aquella iniciativa.
Villaverde de Hito y Labra, un cuarto de siglo después
El calendario también recuerda los 25 años de las obras realizadas en la iglesia de Villaverde de Hito, en Valderredible, y en la ermita de Labra, en Campoo de Suso.
La restauración del templo de Villaverde permitió recuperar un edificio presidido por su característica espadaña románica. Durante la inauguración, José Vilaplana destacó el compromiso de los vecinos con la conservación de un patrimonio heredado de generaciones anteriores, mientras que el párroco Bertín Gutiérrez López agradeció el respaldo del Obispado, de Caja Cantabria y de los numerosos "hijos del pueblo" que, pese a residir fuera de la localidad, contribuyeron económicamente a hacer posible el proyecto.
Por su parte, la reparación de la ermita de Labra garantizó la conservación de uno de los lugares de mayor devoción popular del municipio. La actuación permitió asegurar la estabilidad del edificio y mantener vivo un espacio estrechamente ligado a las celebraciones religiosas y a la identidad de los vecinos.
La fuerza de la colaboración
Las tres restauraciones comparten un denominador común: el esfuerzo colectivo. En todos los casos fueron los propios vecinos quienes, junto con las parroquias, el Obispado y distintas administraciones y entidades colaboradoras, hicieron posible la recuperación de unos edificios que forman parte de la memoria histórica de sus pueblos.
Treinta y cinco y veinticinco años después, aquellas actuaciones siguen siendo un ejemplo de cómo la implicación de pequeñas comunidades permitió conservar un patrimonio que hoy continúa siendo símbolo de la historia, la cultura y la identidad de Campoo de Suso y Valderredible.












