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Sociedad | Las Rozas de Valdearroyo

Las Rozas de Valdearroyo recupera la memoria de Victoriano Estalayo, asesinado en el campo de concentración nazi de Gusen

  • El municipio, con el apoyo unánime de la Corporación, homenajeó a su vecino con una 'Stolperstein', piedra de la memoria

  • Su historia ha sido recuperada por su sobrino, el escritor Fernando Rodríguez, en el libro 'Perro rojo: De Cantabria a Mauthausen en busca de la libertad'

Ochenta y cinco años después de su asesinato en el campo de concentración nazi de Gusen, el nombre de Victoriano Estalayo Montes vuelve a ocupar un lugar visible en el municipio que le vio nacer. Las Rozas de Valdearroyo rindió el pasado 7 de agosto un emotivo homenaje a este vecino, nacido en 1913 y deportado a Mauthausen, donde fue registrado con el número de prisionero 5.160 antes de ser trasladado al subcampo de Gusen, donde murió el 30 de noviembre de 1941, con tan solo 28 años.

El homenaje, celebrado con motivo de la fiesta municipal, contó con el respaldo unánime de la Corporación y tuvo como acto central la colocación de una Stolperstein, una de las conocidas como "piedras de la memoria", creadas por el artista alemán Gunter Demnig para recordar en las calles y plazas europeas a las personas perseguidas, deportadas y asesinadas por el nazismo.

Con este gesto, Las Rozas de Valdearroyo ha incorporado al espacio público el recuerdo de uno de sus vecinos y ha convertido su memoria en parte de la historia colectiva del municipio. Bajo el lema, "Para que su nombre no tropiece en el olvido", el homenaje pretende también trasladar a las nuevas generaciones los valores de la libertad, la convivencia, los derechos humanos y el respeto a la diversidad.

Durante los días previos al homenaje, vecinos del municipio participaron en un taller de lectura dedicado a 'Perro rojo: De Cantabria a Mauthausen en busca de la libertad', una novela basada en hechos reales que reconstruye la vida y el dramático recorrido de Victoriano desde su localidad natal hasta los campos de concentración nazis. La historia adquiere una dimensión especialmente emotiva porque el autor, Fernando Rodríguez Estalayo, es sobrino de Victoriano.

Una historia familiar que permaneció durante décadas en silencio

Fernando Rodríguez Estalayo ha dedicado años a investigar qué ocurrió con aquel tío al que su familia perdió de vista durante la Guerra Civil. A partir de documentación familiar, cartas, archivos militares y registros históricos, fue reconstruyendo el recorrido de un joven cántabro que pasó de trabajar como panadero en Las Rozas de Valdearroyo a combatir en la Guerra Civil, sufrir el exilio en Francia y terminar deportado a los campos de concentración nazi.

Victoriano Estalayo Montes nació a las dos de la madrugada del 23 de enero de 1913 en la casa familiar de Las Rozas de Valdearroyo. Era hijo de Santiago Estalayo Díez y Francisca Montes Crespo. Allí pasó su infancia y adolescencia y aprendió el oficio de panadero.

Siendo joven se vinculó a las Juventudes Socialistas Unificadas y, tras el estallido de la Guerra Civil, se incorporó como voluntario a las milicias republicanas. Combatió en las montañas de Cantabria, integrado en una compañía de carros de combate del Ejército Republicano del Norte.

Uno de los últimos recuerdos familiares de Victoriano se sitúa en la estación de ferrocarril de Santander, el 1 de mayo de 1937. Su hermana Herminia se encontró allí con él cuando, después de haber sido herido y recuperarse en un hospital asturiano, estaba a punto de volver al frente.

Ella nunca olvidó aquel momento. Recordaba el uniforme de su hermano, la manta que llevaba atada en bandolera y todos los detalles de aquel encuentro, pues nunca volvieron a verse.

Durante años, la fotografía de Victoriano permaneció en la mesilla de noche de Herminia como uno de los pocos recuerdos que conservó de su hermano.

Capturado, convertido en trabajador forzado y fugado

Tras la caída de Santander, en agosto de 1937, Victoriano fue hecho prisionero y enviado a un campo de concentración franquista. Posteriormente fue destinado a diferentes batallones de trabajadores forzados.

Su oficio de panadero le permitió pasar de los trabajos más duros a tareas relacionadas con la intendencia. En 1938 se encontraba destinado en la provincia de Lérida, en las proximidades del frente del Ebro. Fue entonces cuando tomó una decisión arriesgada: escapar.

En la madrugada del 7 de julio de 1938, Victoriano cruzó el río Segre con el agua a la cintura para alcanzar las líneas republicanas. Tras conseguirlo, volvió a incorporarse al Ejército republicano.

Su trayectoria militar continuó durante los meses siguientes. En octubre de 1938 fue ascendido a sargento y, en enero de 1939, alcanzó el grado de teniente. Combatió con la 178.ª Brigada Mixta en el frente del Segre hasta el derrumbe definitivo de la resistencia republicana.

Del exilio francés a Mauthausen

En febrero de 1939, Victoriano cruzó los Pirineos hacia Francia junto a cientos de miles de españoles que huían de la victoria franquista. Tras pasar por el campo de Argelès-sur-Mer, se incorporó a una Compañía de Trabajadores Extranjeros del Ejército francés.

La derrota francesa volvió a cambiar su destino. En junio de 1940 fue capturado por las tropas alemanas y trasladado al campo de prisioneros de guerra de Trier, el Stalag XII-D.

Durante meses permaneció allí como prisionero de guerra. Finalmente, los españoles fueron separados del resto de cautivos y enviados hacia el sistema concentracionario nazi. El 28 de junio de 1941, Victoriano llegó a Mauthausen.

Allí dejó de ser únicamente Victoriano Estalayo para convertirse en un número: el 5.160. Fue registrado como panadero y recibió el uniforme de prisionero con el triángulo azul de los considerados apátridas y la letra «S», utilizada para identificar a los españoles.

Pocas semanas después fue trasladado al subcampo de Gusen, uno de los lugares más mortíferos del complejo de Mauthausen. Allí recibió el número de prisionero 14.617.

Con apenas 28 años, Victoriano Estalayo Montes murió en Gusen, el 30 de noviembre de 1941. Dos días después, su cuerpo fue incinerado en el crematorio del campo.

Ahora, una Stolperstein situada en Las Rozas de Valdearroyo hace posible que esa memoria vuelva al lugar del que Victoriano partió. El homenaje no solo recuerda a una víctima del nazismo. También recupera la historia de un joven cántabro que atravesó algunos de los episodios más dramáticos de la Europa del siglo XX: la Guerra Civil, la derrota republicana, el exilio, la ocupación nazi y la deportación.

Para su sobrino, Fernando Rodríguez Estalayo, "reconstruir esta historia y llevarla al libro fue también una forma de cumplir con una obligación familiar y moral: rescatar del olvido la vida de Victoriano y devolverle el lugar que merece en la memoria de su pueblo. Y, 85 años después de su muerte, Victoriano Estalayo Montes vuelve simbólicamente a casa".