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Opinión

El río Híjar, un jardín que nunca termina de crecer

Campoo de Enmedio terminó hace un mes los trabajos de limpieza y desbroce, mientras Reinosa los ejecuta estos días. Entre ambos municipios, el gasto ronda los 18.000 euros para mantener a raya la vegetación de más de 60.000 metros cuadrados de cauce

Hay tradiciones que nunca se pierden. Algunas se celebran con fiestas y otras con mercados. En el río Híjar, sin embargo, la tradición parece consistir en limpiar, pagar y esperar a que la naturaleza vuelva a hacer su trabajo.

Los ayuntamientos de Campoo de Enmedio y Reinosa conocen bien esta rutina. El primero terminó hace aproximadamente un mes las labores de limpieza y desbroce del cauce, mientras que Reinosa está ejecutando estos trabajos durante estos días. Entre ambos municipios, la factura ronda los 18.000 euros de dinero público, destinados a retirar la vegetación de una superficie que supera los 60.000 metros cuadrados.

No hablamos de pasar el cortacésped por el jardín de casa. Es una extensión considerable que exige maquinaria, personal, planificación y una partida económica que, año tras año, vuelve a aparecer en las cuentas municipales.

Desde las inundaciones, la configuración del lecho del Híjar cambió y, con ella, las condiciones en las que crece la vegetación. Hierbas, arbustos y todo tipo de plantas han encontrado nuevos espacios para extenderse. Y lo hacen con una constancia admirable: no necesitan contratos, presupuestos ni autorizaciones administrativas. Simplemente, crecen.

Una vez terminada la limpieza, el cauce queda despejado, pero solo hasta que la vegetación vuelve a ganar terreno. Y entonces llega otra campaña, otra intervención y otra factura. Una especie de suscripción anual al desbroce fluvial que nadie recuerda haber contratado, pero que los ayuntamientos parecen obligados a renovar.

Las ovejas también quisieron trabajar en el Híjar

La historia tiene, además, un episodio que merece un capítulo propio. El pasado año, el Ayuntamiento de Reinosa planteó una alternativa a los métodos habituales: sustituir los tractores por ovejas para controlar la vegetación del cauce.

La propuesta apuntaba a una fórmula diferente, basada en el aprovechamiento del pastoreo para mantener a raya parte de la vegetación, en lugar de recurrir exclusivamente a la maquinaria. Una idea que, al menos sobre el papel, invitaba a explorar otras posibilidades de mantenimiento.

Sin embargo, la alternativa no fue autorizada. Así que las ovejas se quedaron sin empleo en el Híjar y los métodos habituales siguieron siendo la opción disponible. La naturaleza, por su parte, no tuvo que presentar ninguna propuesta alternativa: continuó creciendo como siempre.

La cuestión no es afirmar que el pastoreo pueda sustituir por completo a una intervención mecánica en un cauce fluvial. Cada método tiene sus limitaciones y su viabilidad debe evaluarse desde el punto de vista técnico y ambiental. Pero sí cabe preguntarse si merece la pena estudiar fórmulas diferentes cuando el mismo gasto vuelve a repetirse con tanta frecuencia.

La carrera de obstáculos empieza antes de llegar al río

El trabajo tampoco comienza cuando las máquinas entran en el cauce. Antes hay que preparar solicitudes, tramitar documentación y obtener la autorización de la Confederación Hidrográfica del Ebro, al tratarse de un espacio sujeto a protección ambiental por su condición de zona LIC (Lugar de Importancia Comunitaria).

A los costes de la intervención se suma, por tanto, el tiempo que los ayuntamientos deben dedicar a gestionar los permisos. Y, según la experiencia trasladada desde el ámbito municipal, las respuestas pueden demorarse en exceso.
Mientras tanto, la vegetación no espera una resolución administrativa, no consulta el estado de su expediente ni solicita una prórroga. Crece a su ritmo, ajena a los plazos de la burocracia.

La burocracia también debe mirar hacia Fontibre

La gestión de los cauces fluviales abre, además, otra cuestión que merece ser planteada. Para ejecutar trabajos de limpieza y desbroce en el río Híjar, los ayuntamientos deben solicitar las correspondientes autorizaciones a la Confederación Hidrográfica del Ebro, un procedimiento que, según se traslada desde el ámbito municipal, puede prolongarse en el tiempo.

Es comprensible que las actuaciones en los ríos estén sujetas a controles ambientales y a criterios técnicos. La protección de los ecosistemas fluviales es necesaria. Pero también resulta razonable pedir que los procedimientos administrativos se tramiten con la agilidad suficiente para que las intervenciones necesarias no queden condicionadas por esperas excesivas.

Y aquí surge una reflexión que va más allá del Híjar. Si la conservación de los cauces exige control, planificación y autorizaciones, esa misma preocupación por el estado de nuestros ríos debe traducirse también en un mantenimiento adecuado de los lugares que constituyen su origen y su principal patrimonio natural.

En este sentido, el nacimiento del río Ebro en Fontibre, en el municipio campurriano de la Hermandad de Campoo de Suso, merece una atención especial. No es un paraje cualquiera: es uno de los enclaves naturales más representativos de Cantabria y un lugar estrechamente vinculado a la identidad de Campoo y al nacimiento del río más emblemático de España.

Por ello, cabe reclamar que el entorno de Fontibre se mantenga limpio, cuidado y debidamente adecentado, con una atención continuada que esté a la altura de su importancia natural, turística y simbólica.