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La vista atrás | Campoo de Enmedio

La reconstrucción de la iglesia de Villaescusa cumple 35 años

La inauguración de la obras culminó una etapa de unión, compromiso y trabajo colectivo de los vecinos de esta localidad Campoo Enmedio

Hay acontecimientos que forman parte de la historia de un pueblo y que, con el paso del tiempo, se convierten en un símbolo de la identidad de sus vecinos. La reconstrucción de la iglesia parroquial de Villaescusa de Solaloma es uno de ellos.

Hace 35 años, en 1991, la localidad celebraba la inauguración de su templo parroquial después de más de cuatro años de intensos trabajos en los que los propios vecinos desempeñaron un papel fundamental. Lo que comenzó como una actuación necesaria para recuperar un edificio que amenazaba ruina terminó convirtiéndose en un ejemplo de solidaridad, esfuerzo compartido y amor por el patrimonio.

Tal y como recogía la prensa de la época, el estado de la iglesia era preocupante. Las paredes presentaban un deterioro considerable, la torre estaba agrietada y las cubiertas y otros elementos del edificio necesitaban una profunda intervención. Ante esta situación, los vecinos decidieron ponerse manos a la obra y contribuir directamente a la recuperación de su iglesia.

Durante más de cuatro años, hombres y mujeres de la localidad trabajaron para devolver al templo su dignidad. Se repararon paredes y arcos, se construyó una nueva cubierta, se acometieron mejoras en el ábside y se renovaron distintos elementos del edificio. También se realizaron actuaciones en las escaleras de acceso, la sacristía y otras dependencias, con el objetivo de garantizar la conservación y el uso del templo.

La obra contó con la implicación del párroco y de los habitantes del pueblo, que aportaron trabajo, materiales y recursos económicos dentro de sus posibilidades. Según la crónica publicada entonces, la intervención supuso un coste de alrededor de diez millones de pesetas, una cantidad importante para una pequeña localidad que tuvo que afrontar el proyecto con recursos limitados y con una deuda pendiente al término de las obras.

La culminación de aquel esfuerzo colectivo se celebró con los actos religiosos de inauguración, presididos por el obispo de Santander, monseñor Juan Antonio del Val. La jornada reunió a los vecinos en torno a su iglesia, convertida de nuevo en lugar de encuentro, celebración y convivencia.

Mucho más que la restauración de un edificio

Treinta y cinco años después, aquella experiencia merece ser recordada no solo por la recuperación de un templo que data del siglo XVII, sino también por lo que representa para la memoria colectiva de Villaescusa de Solaloma.

La reconstrucción de la iglesia fue una demostración de que la voluntad de un pueblo puede superar las dificultades cuando existe un objetivo común. En una época en la que los medios económicos eran escasos y las condiciones de trabajo no siempre resultaban favorables, los vecinos supieron organizarse para preservar uno de los elementos más representativos de su patrimonio.

Recordar esta efeméride es, por tanto, rendir homenaje a todas las personas que dedicaron su tiempo, su esfuerzo y sus recursos a una obra que trascendía lo material. Gracias a aquella implicación, la iglesia pudo seguir formando parte de la vida de la localidad y del legado transmitido a las generaciones posteriores.

Hoy, Villaescusa de Solaloma puede mirar hacia aquel capítulo de su historia con orgullo y gratitud. La reconstrucción de su iglesia parroquial permanece como testimonio del compromiso de sus gentes con sus raíces, su patrimonio y su pueblo.