Desde hace tiempo observo -y creo que la mayoría de los reinosanos también- que hemos caído en un estado de apatía impropio de un pueblo luchador y reivindicativo en otros tiempos, del que muchos nos sentimos orgullosos. Voy a tratar de enumerar algunos ejemplos de lo que digo.
En el tema sanitario, vemos cómo personas que no son de aquí son las que denuncian el estado de abandono en el que nos encontramos. El Hospital Tres Mares, que fue la estrella reivindicativa en otros momentos, se está muriendo poco a poco ante nuestros ojos. Vemos cómo el SCS va derivando enfermos a hospitales privados tras inyectarles una gran cantidad de millones de euros, hasta tal punto -y esto lo he sufrido personalmente- que te llaman por teléfono para decirte que, si no acudes a Santa Clotilde, puedes perder tu puesto en la lista de espera. Yo me negué a ir a esa clínica y perdí el puesto, de modo que para hacerme una ecografía han tardado un año; y solo me la hicieron al día siguiente en el Hospital Tres Mares porque puse una queja por escrito. Por favor, no voceen en los pasillos: quájense por escrito, que funciona.
No sé si alguien ha pasado por el antiguo Centro de Salud. Interiormente no he podido ver nada, pero viendo la lamentable chapuza que están haciendo en el revestimiento de chapa exterior, miedo me da lo que habrá dentro.
Pasemos al tema de las obras en el pueblo: todos las sufrimos. Obra que se hace, chapuza al canto, y nadie reclama nada. Si se arregla algo es a costa nuestra, cuando esas obras deberían tener una garantía o algo parecido, digo yo; pero la chapuza sigue y ya esperamos la siguiente. Miedo me da el arreglo de la Plaza Vieja, que es como se ha llamado siempre.
Tengo más cosas que iré escribiendo; por hoy vale. Sin embargo, tengo que hacer una crítica contundente contra los dos sindicatos de la comarca: ellos, que tienen capacidad de movilización, están como el pueblo, apáticos y dejando pasar el tiempo sin comprometerse con absolutamente nada que no sean sus propias empresas. Porque de los partidos políticos, hace tiempo que ya no espero nada.
Por Adolfo Félix Jorrín Gómez












