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Opinión

Parar a los incendiarios

Parar a los incendiarios

"Sigo pensando que no hay un plan premeditado, solo una serie individuos en busca del beneficio propio, que cogen gasolina y mecha y queman, porque el monte no les sirve como está"

Cada año, en buena parte de la cornisa cantábrica cuando se dan ciertas condiciones meteorológicas algunos individuos salen al monte y lo queman. 
Así de simple, sin retórica, sin adornos, sin falsedades. No tienen una patología, no son pirómanos y no son terroristas. Son incendiarios, personas que queman con premeditación, buscando un beneficio (la mayoría de las veces) o una venganza. Y lo hacen porque consideran que ese monte, esa braña les pertenece y está para su servicio; y lo hacen porque casi siempre salen impunes.

Sin embargo, el relato público de estos delitos, especialmente el que se hace en los medios de comunicación, nunca señala a quienes los perpetran. Por supuesto, no sabemos quiénes son por mucho que se sospeche. En última instancia, para condenar hacen falta pruebas. Pero en la mayoría de los incendios lo único cierto y probado es que no son fortuitos sino provocados. Provocados por personas.

Esto es una certeza inapelable.
Pero como digo, los titulares suelen ser "Se mantienen 9 incendios activos", "Cantabria registra 60 incendios", o peor aún: "La surada extiende los incendios..", "El fuerte viento sur provoca 5 incendios". Verbos reflexivos y sujetos incorrectos que desvían la atención sobre el verdadero autor del delito.

Incluso se debate sobre la "cultura del fuego" como hecho antropológico, cuando debería hablarse de un hecho delictivo, sin más. Esta idea de la "cultura del fuego" sirve a algunos para sostener ese ridículo argumento de "siempre se ha hecho así". Sí, como tantas otras prácticas terribles y dañinas, hasta que un día se erradicaron, afortunadamente.
Claro, que también hay que recordar que la propia administración sigue permitiendo el fuego como herramienta de manejo del matorral. Y aunque una cosa son quemas autorizadas y otra incendios provocados.. algunos encuentran fácil justificación para cruzar la línea. Total, fuego es uno y otro, pero sin tanto papeleo.

Y esto sucede temporada tras temporada, como si fuera una plaga bíblica, como si no pudiéramos evitarlo, como si fuera un hecho sobrenatural. Como si no fuera un grave delito, tipificado y perseguible. Pero quien tiene la responsabilidad de evitarlo y perseguir a los culpables claramente no lo hace.

Y no, no queman Cantabria. Por mucha emoción que una idea contenga, no es Cantabria lo que arde. Los incendiarios queman el suelo y la vegetación, con toda la biodiversidad que alberga. Abrasan nidos, madrigueras, reptiles, anfibios, aves, mamíferos, insectos, arbustos, arbolado. Y esta pérdida medioambiental no tiene precio. Lo que sí se puede cuantificar es el coste económico de extinguir esos incendios. Los responsables de las administraciones públicas podrán decir a cuánto asciende.

La mayoría de la sociedad está harta e indignada con esta lacra, pero aquí aguantamos, mansos, viendo como año tras año se repiten los incendios. Que esta barbaridad no se remedie, que lo sigamos tolerando, aunque indignados, es una cosa incomprensible. Pero es la realidad.

A veces me invaden teorías conspiratorias: igual cuando ese monte sea un desierto, cuando haya sido despojado de casi todo su valor entonces ya podrán justificar hacer con él cualquier cosa: dinamitarlo, industrializarlo... Pero no, sigo pensando que no hay un plan premeditado, solo una serie individuos en busca del beneficio propio, que cogen gasolina y mecha y queman, porque el monte no les sirve como está. No son tantos y no parece tan difícil pillarlos si se destinaran recursos para ello. ¿Por qué no conseguimos pararlos?

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