Hace seis meses, el socialista Sergio Balbontín fue elegido alcalde de Reinosa tras la moción de censura presentada por su grupo para sustituir al popular José Luis López Vielba, con el apoyo en esta ocasión del PRC, anteriores socios de gobierno del PP. Cuando se cumple medio año del cambio de gobierno, y una semana después de las fiestas de San Mateo, aprovechamos estas fechas para entrevistar al regidor reinosano y hacer una balance de este nuevo periodo.
"Al final llegó la oportunidad. Y ahora me toca estar a la altura de toda la gente que creyó que las cosas podían hacerse de otra manera", asegura Balbontín, quien nunca perdió la convicción de que "Reinosa podía recuperar ese cambio que había pedido".
En esta entrevista en profundidad nos habla de los primeros y convulsos días de su aterrizaje en la Alcaldía y de los motivos y acuerdos por los que ahora sí y hace tres años no fue posible. Enumera los proyectos ejecutados y los que están pendientes de desarrollar para un periodo que considera de cambio en la ciudad: "creo que lo primero que necesitaba Reinosa era recuperar la autoestima. Volver a sentir orgullo de ciudad. Porque antes de hablar de carreteras, industria, vivienda o ferrocarril, una ciudad tiene que creer en sí misma. Tiene que sentir que importa"
-¿Qué valoración hace de sus primeras fiestas de San Mateo como alcalde?
La valoración no puede ser más satisfactoria. Han sido unas fiestas magníficas y, además, para nosotros suponían un reto importante: eran las primeras que organizábamos y apenas habíamos tenido unos meses desde nuestra llegada al Ayuntamiento para prepararlas. Había muchas cosas que conocer, otras que revisar y procedimientos que hubo que ordenar prácticamente desde cero. Por eso las hemos vivido con mucha ilusión, pero también con los nervios y la responsabilidad de querer que todo saliera bien.
Y creo que ha salido muy bien. Hemos tenido unas fiestas muy participativas, con muchísima gente en la calle y muchos visitantes, actividades para todas las edades, novedades que han funcionado francamente bien y, además, sin incidentes reseñables.
Quiero hacer una mención especial a Beatriz de la Pinta, que ha realizado un trabajo enorme al frente de la organización. Sé las horas, el esfuerzo y la dedicación que ha puesto para que todo funcionara. Y, junto a ella, quiero agradecer el trabajo del resto de concejales, de todos los trabajadores municipales, Policía Local, Guardia Civil, Protección Civil, asociaciones, peñas y de tantas personas que colaboran y hacen posible San Mateo. Estas fiestas son el resultado del esfuerzo de muchísima gente.
También me quedo con lo que nos están trasladando los vecinos estos días. Estamos recibiendo muchísimo cariño y muchas felicitaciones por cómo se han vivido las fiestas, y eso, después de todo el trabajo realizado, produce una enorme satisfacción.
Pero ahora también toca escuchar. Sabemos que hay cosas que podemos mejorar y ya hemos tomado nota de muchas de ellas. Estas primeras fiestas nos han servido para aprender, corregir y coger experiencia. Queremos escuchar todas las propuestas que nos lleguen y empezar a trabajar con tiempo para que el próximo San Mateo sea todavía mejor.
-¿Qué suponen estas fiestas para Reinosa y Campoo?
San Mateo es mucho más que unos días de fiesta. Es uno de esos momentos del año en los que Reinosa y Campoo salen a la calle, se encuentran y se reconocen en unas costumbres, unas tradiciones y una forma de vivir que hemos heredado y seguimos compartiendo generación tras generación.
Aunque las fiestas las organiza Reinosa, Campoo tiene un papel fundamental en ellas. Lo vemos especialmente en el Día de Campoo, pero también en tantas asociaciones, colectivos y personas de toda la comarca que participan, colaboran y las sienten como propias. Reinosa abre sus calles y acoge a toda la comarca y a cuantos vienen a visitarnos.
Y San Mateo es también una magnífica oportunidad para enseñar hacia fuera todo lo que somos. Las carrozas artísticas, el Día de Campoo o nuestras Justas Literarias son algunas de nuestras señas de identidad, pero durante estos días también tienen un enorme protagonismo la música, el deporte, nuestros artistas y la cultura en todas sus expresiones. Hay muchísimo talento y muchísimo trabajo detrás de todo ello.
Al final, creo que de eso se trata: de sentir orgullo por lo nuestro y compartirlo. Son unas fiestas abiertas, cercanas y alegres, en las que recibimos a todo el mundo y en las que Reinosa y Campoo muestran su identidad, su cultura, sus tradiciones y, sobre todo, la enorme capacidad de su gente para encontrarse y disfrutar junta.
- ¿Cuando comenzó la legislatura como líder de la oposición pensaba que iba a acabarla como alcalde?

- No podía saber que iba a acabar la legislatura como alcalde. Lo que sí sabía es que Reinosa estaba pidiendo un cambio. Y creo que las elecciones lo dijeron con bastante claridad. Si después de 25 años vuelves a ganar unas elecciones en tu ciudad, es porque algo se estaba moviendo.
Porque en una ciudad como Reinosa hay algo que está por encima de muchas siglas: la gente te conoce. Sabe dónde estás, qué haces, si apareces solamente cuando llegan las elecciones o si llevas años estando ahí. Te encuentras con tus vecinos por la calle, tomando un café, comprando el pan o viendo un partido. Y al final cuentan mucho el trabajo diario, la confianza, escuchar, estar disponible y demostrar con hechos cuánto te importa el lugar en el que vives.
Ganamos las elecciones, pero un acuerdo nos dejó fuera del Gobierno. Fue legítimo, aunque también es verdad que mucha gente sintió entonces que el cambio que había expresado en las urnas no había llegado al Ayuntamiento.
A mí aquello no me hizo apartarme ni un centímetro de Reinosa. Seguí trabajando desde la oposición, asistiendo a cada comisión, a cada reunión, recorriendo las calles, escuchando problemas, señalando lo que creía que no funcionaba y preparándome. Porque estar en la oposición no significaba dejar de sentirme responsable de mi ciudad.
Después las circunstancias cambiaron y se abrió la posibilidad de formar una mayoría diferente. Y yo estaba preparado. No porque supiera que ese momento iba a llegar, sino porque nunca había dejado de estar.
Así que no, no sabía que terminaría siendo alcalde. Pero nunca perdí la ilusión de serlo. Y, sobre todo, nunca perdí la convicción de que Reinosa podía recuperar ese cambio que había pedido.
Al final llegó la oportunidad. Y ahora me toca estar a la altura de toda la gente que creyó que las cosas podían hacerse de otra manera.
- ¿Cómo fue su aterrizaje en la Alcaldía durante los primeros días?
- El aterrizaje, no me voy a engañar a nadie, fue muy, muy complicado. Asumir la Alcaldía de tu ciudad ya supone una responsabilidad enorme en cualquier circunstancia, pero nosotros llegábamos acabando una legislatura, con apenas un año por delante, sin transición y con un Ayuntamiento que no se detiene ni un solo día. Y ni siquiera tuvimos un traspaso normal: no pudimos disponer de la documentación de trabajo que había quedado en los despachos y que nos habría permitido conocer asuntos pendientes y dar continuidad a la gestión. De un día para otro tienes que hacerte cargo de una ciudad entera prácticamente desde cero. Hay nóminas, contratos, obras, subvenciones, expedientes y decisiones esperando. No existe un botón de pausa: eres alcalde desde el primer minuto y Reinosa tiene que seguir funcionando.
Y además nos encontramos con una situación interna realmente complicada. Recuerdo perfectamente que una de mis primeras firmas como alcalde fue la baja del interventor. Puede parecer una cuestión burocrática, pero es mucho más serio: sin interventor un Ayuntamiento queda prácticamente paralizado. Pagos, contratos, subvenciones, expedientes... prácticamente toda la actividad económica y administrativa pasa de una manera u otra por Intervención.
A eso se añadían los problemas en Tesorería, departamentos con una falta enorme de personal, jubilaciones, plazas que había que sacar, servicios municipales muy debilitados... Llegábamos con la obligación de poner Reinosa en marcha y descubrimos que, al mismo tiempo, teníamos que recomponer por dentro buena parte de la maquinaria que debía hacerlo posible.
Y todo ello con cuatro concejales. El anterior Gobierno había comenzado la legislatura con siete y seis liberaciones políticas. Nosotros decidimos reducirlas a una sola, la del alcalde. Poco después sufrimos además la baja, por un grave problema de salud, de uno de nuestros compañeros. Eso significa que durante buena parte de estos meses hemos sido tres concejales llevando el Gobierno de una ciudad entera.
Por eso quiero poner especialmente en valor a mi equipo. Cuando hicimos aquella candidatura no pensamos simplemente en completar una lista electoral; buscamos personas que, si algún día tenían la responsabilidad de entrar en el Ayuntamiento, pudieran trabajar y pudieran gobernar. Y vaya si lo han demostrado. Tengo unos compañeros extraordinarios. Han multiplicado las horas, han asumido responsabilidades nuevas, han aprendido sobre la marcha y han llegado hasta donde hiciera falta cuando faltaban manos.
Y sería injusto no reconocer igualmente a los trabajadores municipales. En circunstancias muy difíciles hemos encontrado a mucha gente dispuesta a ayudar, a explicar y a sacar trabajo adelante. Porque un Ayuntamiento no lo levantan un alcalde y tres concejales. Hay mucha gente detrás sosteniéndolo cada día.
No cuento nada de esto como una excusa. Precisamente,al contrario. La dificultad no te libera de la responsabilidad; la hace todavía mayor. Nosotros no podíamos pedirle a Reinosa que esperase seis meses mientras arreglábamos el Ayuntamiento por dentro. Había que solucionar la falta de interventor, recomponer departamentos, ordenar procedimientos y, simultáneamente, seguir pagando, contratando, buscando subvenciones, preparando un presupuesto, recuperando proyectos y atendiendo una ciudad que no se detiene.

Así fueron aquellos primeros días: intentando reparar el motor con el coche en marcha. Con muy pocas manos, con muchísimo por aprender y con una responsabilidad enorme sobre los hombros.
Pero nunca pensamos en utilizar aquello como coartada. Nos habíamos presentado para gobernar Reinosa. Llegó el momento, y había que hacerlo.
- ¿Cómo se ha encontrado Reinosa el 1 de abril y cómo la ve medio año después?
- El 1 de abril me encontré una Reinosa muy descuidada. Y no hablo solamente de una ciudad sucia o de un banco roto. Hablo de una sensación.
Había parques y zonas verdes sin mantener, mobiliario deteriorado, fuentes que llevaban años sin funcionar, aceras comidas por la maleza, baches, rincones a los que parecía que nadie llegaba... Pero había algo que me preocupaba todavía más: notaba una ciudad desanimada. Como si poco a poco nos hubiéramos acostumbrado a ver deteriorarse cosas que siempre habían formado parte de Reinosa. Y cuando una ciudad deja de cuidarse, al final corre el riesgo de dejar de sentirse orgullosa de sí misma.
Por eso desde el primer día tuve muy claro que había que trabajar en dos direcciones a la vez. Había que recuperar físicamente Reinosa, calle a calle y barrio a barrio, pero había que recuperar también algo mucho más difícil: las ganas de creer en ella.
Y eso explica bastante bien estos cinco meses. Hemos arreglado bancos, fuentes, parques, bolardos, aceras, jardines, pistas deportivas o rotondas. Hemos entrado en lugares que llevaban demasiado tiempo esperando. Pero mientras hacíamos eso estábamos sentándonos en Madrid para hablar del polígono de La Vega, retomando un PGOU que llevaba cuatro años sin avanzar, trabajando sobre el ferrocarril o reclamando inversiones en nuestras carreteras. Nunca he entendido que un alcalde tenga que elegir entre arreglar el banco en el que se sienta una vecina y pelear una inversión de millones para el futuro de su ciudad. Hay que hacer las dos cosas.
Y hay otra parte que para mí ha sido fundamental: volver a la calle. Mi despacho está en el Ayuntamiento, claro, pero una parte importantísima de mi trabajo está en los barrios, andando, mirando y hablando con la gente. Muchas de las cosas que hemos hecho empiezan con algo tan sencillo como un vecino que te para o te manda una fotografía y te dice: «Sergio, mira cómo está esto». Algunas pueden solucionarse al día siguiente. Otras necesitarán meses. Y otras habrá que explicar honestamente por qué no se pueden hacer. Pero nadie debería tener la sensación de que habla y al otro lado no hay nadie.
¿Cómo veo Reinosa ahora? No voy a decir que en cinco meses hayamos transformado una ciudad, porque no sería verdad. Queda muchísimo, hay barrios a los que todavía no hemos llegado y problemas que necesitan tiempo, dinero y proyectos serios.
Pero sí creo que hemos cambiado una cosa importante: la dirección en la que caminamos. Y eso lo percibo sobre todo en la gente. Me paran personas que me dicen que vuelven a ver movimiento, que están contentas porque se las escucha, que hacía mucho tiempo que no veían cuidar determinados lugares. Algunos me dicen cosas tan bonitas que hasta me da pudor repetirlas. Y eso no me hace pensar que ya esté todo hecho. Me hace sentir todavía más responsabilidad.
Porque quizá el cambio más bonito de estos meses no esté solamente en una fuente que vuelve a tener agua o en un parque que vuelve a verse cuidado. Está en empezar a recuperar esa mirada de cariño hacia Reinosa. Que volvamos a mirar nuestra ciudad y no pensemos en todo lo que ha perdido, sino en todo lo que todavía puede ser.

Y ahí quiero que participe todo el mundo. Esto no puede ser el proyecto de un alcalde ni de cuatro concejales. Tiene que ser un proyecto de ciudad. Que la gente nos avise, nos proponga, nos exija, nos ayude a llegar donde todavía no hemos llegado. Habrá cosas que hagamos mañana y otras que necesitarán años, pero quiero que nadie vuelva a pensar que su calle, su barrio o su problema no importan.
Esa es para mí la ciudad que merecemos. No una ciudad perfecta. Una Reinosa cuidada, escuchada, con ambición y orgullosa otra vez de sí misma. Y creo que, después de mucho tiempo, hemos empezado a caminar hacia ella.
- ¿Qué necesita la ciudad de Reinosa?
- Creo que lo primero que necesitaba Reinosa era recuperar la autoestima. Volver a sentir orgullo de ciudad. Porque antes de hablar de carreteras, industria, vivienda o ferrocarril, una ciudad tiene que creer en sí misma. Tiene que sentir que importa.
Y creo que algo de eso ya está empezando a ocurrir. Que un vecino vea que su Ayuntamiento le escucha, que cuida su calle, que pelea por sus problemas y que quien le representa siente Reinosa exactamente igual que él, ayuda a recuperar ese vínculo. Nosotros no venimos de fuera a gestionar Reinosa. Somos vecinos de Reinosa a los que durante un tiempo nos corresponde representarla. Y eso para mí cambia mucho la manera de entender este trabajo.
A partir de ahí tenemos enormes retos. Reinosa tiene que ejercer con orgullo su papel como capital y cabecera de Campoo. Somos el sur de Cantabria y necesitamos que se nos escuche como tal. Necesitamos mejores comunicaciones, suelo industrial, empresas, empleo, vivienda, buenas infraestructuras y oportunidades para que nuestros jóvenes puedan quedarse o volver.
Y para conseguirlo Reinosa tiene que volver a alzar la voz donde haga falta. Ante el Gobierno de Cantabria y ante el Gobierno de España, gobierne quien gobierne. Recuperar interlocución, llamar a las puertas, sentarnos en Santander y en Madrid y conseguir que se invierta aquí. En estos meses ya hemos empezado a mover cuestiones importantes en comunicaciones y en el polígono de La Vega, pero queda muchísimo camino.
Durante demasiado tiempo esta tierra ha convivido con la idea de estar lejos de todo. Yo quiero que volvamos a pensar justamente lo contrario: que estamos en el centro de algo. En el centro de Campoo, de una comarca industrial, con historia, talento y una identidad enorme.
Eso es lo que necesita Reinosa: creer otra vez en su importancia y conseguir que los demás la reconozcan también.
- ¿Qué ha pasado para que ahora sí se haya entendido con los regionalistas para facilitar su gobierno, teniendo en cuenta que las partes negociadoras estaban compuestas por las mismas personas que hace tres años?
- Creo que pasó algo bastante sencillo: fuimos capaces de poner a Reinosa por encima de nosotros mismos.
En 2023 no fue posible llegar a un acuerdo. Después vinieron casi tres años en los que cada uno estuvo donde le correspondía, unos gobernando y otros haciendo oposición. Y cuando haces oposición hay discrepancias, momentos de tensión y cosas que inevitablemente te separan. Eso forma parte de la política.
Pero el tiempo también ayuda a mirar las cosas de otra manera. La situación cambió, el anterior acuerdo de Gobierno fue un fracaso y terminó rompiéndose y llegó un momento en el que había que decidir: seguir mirando hacia atrás, recordando quién dijo qué, alimentando rencillas y personalismos, o sentarnos alrededor de una mesa y hablar del futuro de Reinosa.
Porque hay algo que tengo muy claro: desde el rencor y desde el pasado es imposible construir nada. Y nosotros estamos aquí precisamente para construir. Para mirar hacia delante y defender el interés general de Reinosa.
Yo llevo mucho tiempo hablando de recuperar la dignidad de la política. Y creo que esto forma parte de ella: demostrar que personas que han discrepado, que se han enfrentado políticamente y que siguen pensando diferente pueden sentarse, mirarse a los ojos y alcanzar acuerdos cuando su ciudad lo necesita. Eso es lo que esperan los vecinos de sus gobernantes.
El ruido de Madrid queda bastante lejos cuando sales del Ayuntamiento y tienes una calle que arreglar, un presupuesto que aprobar, una empresa que necesita suelo o un vecino esperando una respuesta. Aquí no estamos para reproducir las trincheras de otros. Estamos para gobernar Reinosa.
Eso exige madurez y altura de miras. Dejar los egos en la puerta y entender que llegar a acuerdos no significa pensar igual. Seguimos siendo diferentes y tendremos discrepancias, por supuesto. Pero hemos encontrado algo mucho más importante que nos une: el interés general, la estabilidad de Reinosa y todo lo que todavía tenemos que construir juntos.
Creo que eso es lo que espera la gente de nosotros. Que dialoguemos, que lleguemos a acuerdos y que seamos capaces de mirar hacia delante. Porque el pasado sirve para aprender, pero el futuro solo se construye mirando hacia delante.
Y en eso tengo pocas dudas: Reinosa primero. Nosotros, después.
- ¿A qué ha tenido que renunciar el PSOE para lograr la Alcaldía de Reinosa?
- A nada. Y creo que es importante explicarlo porque no hubo un intercambio de sillones ni tuvimos que guardar nuestro proyecto en un cajón para conseguir la Alcaldía.
Habíamos ganado las elecciones de 2023 y sentíamos que teníamos una responsabilidad con Reinosa. Por eso, cuando se rompió el anterior pacto, no nos escondimos ni esperamos a ver qué hacían los demás. En cuestión dehoras pusimos encima de la mesa un documento de 14 páginas con un proyecto de ciudad y propuestas concretas. Ese fue nuestro punto de partida: esto es lo que queremos hacer por Reinosa y estamos dispuestos a asumir la responsabilidad de hacerlo.
No hemos renunciado a nuestras ideas, a nuestro programa ni a nuestra manera de entender la ciudad. Y creo que hay algo que lo demuestra bastante bien: gobernamos en minoría. No hubo un reparto de concejalías para conseguir los votos que necesitábamos. El acuerdo buscaba dar estabilidad a Reinosa y sacar adelante compromisos concretos.
Y esos compromisos iban mucho más allá del presupuesto. Había un proyecto de ciudad detrás. En las primeras semanas recuperamos interlocución institucional y conseguimos sentarnos en Madrid con CASA 47 para hablar del futuro del polígono de La Vega, así como con RENFE para recuperar la parada del Alvia perdida, junto con el Ministerio de Transportes.
Nosotros llevábamos años defendiendo muchas de esas cosas desde la oposición. La diferencia es que ahora teníamos una herramienta que antes no teníamos: la capacidad de hacerlas.
Por eso siempre digo que la Alcaldía nunca fue un fin en sí mismo. Yo no quería ser alcalde para cambiar un nombre en la puerta de un despacho ni para sustituir a una persona por otra. Quería ser alcalde para cambiar las cosas.
Así que no tuvimos que renunciar a nada. Al contrario, tuvimos que asumir mucho: gobernar en minoría, con cuatro concejales, a poco más de un año de las elecciones y en unas circunstancias muy complicadas.
No dimos el paso para tener la Alcaldía. Lo dimos para utilizarla. Para abrir puertas, recuperar proyectos y conseguir cosas para Reinosa. Porque si un sillón no sirve para transformar tu ciudad y mejorar la vida de la gente, el sillón no sirve absolutamente para nada.
- ¿Ha tenido alguna presión para presentar la moción o ha salido de la agrupación municipal?
- Ninguna. Absolutamente ninguna. Y sé que durante aquellos meses circularon muchas historias sobre presiones, sobre mi trabajo o sobre decisiones que supuestamente se estaban tomando fuera de Reinosa. Nada de eso fue así. Todo mentira, ruido para ensuciar y ocultar un fracaso.
Tenemos la suerte de pertenecer a un partido en el que la agrupación de Reinosa tiene autonomía para tomar sus decisiones. Y esta decisión se tomó aquí, en Reinosa.
Eso tampoco significa que fuera una decisión mía en solitario. Una moción de censura y asumir el Gobierno de tu ciudad es algo demasiado serio para decidirlo una persona. Lo hablé con mi Ejecutiva, con mis compañeros, con quienes iban a convertirse en concejales y cuya vida personal y familiar iba a cambiar de un día para otro. Convocamos a la agrupación, explicamos lo que estábamos haciendo, escuchamos y finalmente hubo un respaldo unánime. Después, naturalmente, informamos a la dirección del partido en Cantabria y contamos con su apoyo.
Pero hay un dato que explica mejor que cualquier otra cosa de dónde nació la iniciativa. Apenas 24 horas después de romperse el anterior pacto ya habíamos escrito y entregado al PRC un documento de 14 páginas con nuestro proyecto para Reinosa. Lo escribí personalmente porque teníamos muy claro que no era momento de esconderse ni de esperar a ver qué hacían los demás. Reinosa necesitaba que alguien diera un paso adelante y nosotros teníamos la responsabilidad de hacerlo.
Habíamos ganado las elecciones, teníamos un proyecto y, si existía la posibilidad de llevarlo adelante, no podíamos mirar hacia otro lado. No podía presentarme en 2027 delante de mis vecinos y pedirles que me hicieran alcalde si, cuando tuve la posibilidad de asumir esa responsabilidad un año antes, había decidido no hacerlo. Eso sí me habría resultado muy difícil de explicar.
Luego había que hacerlo con cabeza. Hablar, negociar, comprobar que existía estabilidad y estar seguros de que quienes íbamos a asumir el Gobierno estábamos preparados para el sacrificio personal que suponía. No fue una decisión a la ligera.
Así que presión, ninguna. Responsabilidad, toda. La iniciativa nació en Reinosa, se habló en Reinosa y se decidió en Reinosa. Después tuvimos el respaldo de nuestro partido, que es exactamente como creo que debía hacerse.
- ¿Tiene margen para realizar algún proyecto ambicioso hasta mayo del 2027 o cuál va a ser su línea a seguir en un año? ¿En caso de que tenga ese margen, ¿cuál o cuáles serían?
- Sí, tenemos margen y tenemos muchísimo trabajo por delante. Pero tampoco voy a engañar a nadie diciendo que en un año pueden ejecutarse todos los proyectos que Reinosa necesita. Mi obligación no es llegar a mayo de 2027 buscando cintas que cortar, esa es la vieja política que no vale para nada, sino aprovechar cada día y dejar encaminado aquello que necesite más tiempo, aunque lo termine quien venga después.
Hay una primera transformación que se ve menos, pero que es fundamental: ordenar el Ayuntamiento por dentro para que funcione mejor hacia fuera. Necesitamos una nueva RPT, un organigrama adaptado a la realidad, cubrir puestos y reorganizar servicios. Porque al final, cuando la maquinaria municipal no funciona, quien lo termina notando es el vecino.
Y luego está la Reinosa que se toca y se pisa cada día. El presupuesto hace una apuesta importante por la obra pública porque tenemos calles, aceras y barrios que necesitan inversión. Está Avenida de Castilla; queremos actuar en Díaz Vicario, el Paseo de La Húngara, iluminar el Paseo de Los Obesos y mejorar nuestras instalaciones deportivas.
Hay otros proyectos que tienen que ver con cuidar nuestra identidad y cómo enseñamos Reinosa. Queremos transformar alguna de nuestras rotondas de entrada vinculándola a Campoo, al turismo y al arte de nuestras carrozas. Y quiero actuar en el Ferial: ordenar y dignificar el espacio, mejorar baños, electricidad, limpieza e instalaciones. Si presumimos de nuestras carrozas cuando salen a desfilar, tenemos que cuidar también el lugar donde nacen. Y queremos recuperar espacios como La Casuca Ascensión, cerrada desde 2023, además de trabajar sobre el futuro del Concha Espina.
Después están los grandes proyectos que necesitan la participación de otras administraciones. Con el Gobierno de Cantabria tenemos pendientes actuaciones importantes en Avenida de Naval y Torres Quevedo, la continuidad de Ábrego o la tercera fase de protección frente a las inundaciones del Híjar. Y necesitamos poder sentarnos cuanto antes con la Consejería competente para hablar de ellos. Llevamos seis meses sin que aún no hayan recibido.
Y con el Gobierno de España ya estamos moviendo actuaciones de otra dimensión: más de 12 millones de euros en la A-67 y la N-611, además de toda la transformación ferroviaria que tenemos por delante. La supresión de los tres pasos a nivel, la reordenación ferroviaria y la adaptación de la estación para la llegada de la alta velocidad pueden cambiar por completo esa parte de Reinosa. A eso se suma el trabajo para recuperar la parada ferroviaria perdida y todo lo que estamos moviendo alrededor del polígono de La Vega.

Por eso mi línea hasta mayo de 2027 es trabajar en las dos escalas de Reinosa a la vez: la del vecino que necesita que arreglemos su acera, iluminemos su paseo o recuperemos un espacio que lleva años deteriorado; y la Reinosa que tiene que pensar a veinte años, con industria, ferrocarril, mejores comunicaciones y grandes infraestructuras.
Y tengo una cosa muy clara: no voy a dejar de mover un proyecto porque no me dé tiempo a inaugurarlo. Si en mayo dejamos calles y espacios recuperados, estupendo. Pero si dejamos además una nueva estación proyectada, los pasos a nivel camino de desaparecer, suelo industrial avanzando o grandes inversiones preparadas para empezar, habremos cumplido igualmente con nuestra responsabilidad.
Yo no trabajo mirando el calendario electoral. Esa idea de que todo tiene que estar terminado en abril para poder inaugurarlo antes de unas elecciones pertenece a una forma de hacer política que nunca he entendido. Una ciudad no puede planificarse a cuatro años ni mucho menos a los meses que le quedan a un alcalde.
Hay proyectos que necesitan cinco, diez o quince años. Y si son buenos para Reinosa, mi obligación es ponerlos en marcha aunque sepa que la fotografía de la inauguración se la hará otro. Me da exactamente igual. No quiero dejar placas con mi nombre; quiero dejar proyectos, inversiones y una ciudad mejor preparada para el futuro.
Creo que ahí se demuestra también para qué has venido a la política: si trabajas pensando en las próximas elecciones o pensando en la próxima generación. Yo tengo muy claro dónde quiero poner la mirada.
En mayo de 2027 los vecinos decidirán quién continúa este camino. Hasta entonces, ni un proyecto menos porque no dé tiempo a inaugurarlo, ni una decisión pensando en una fotografía electoral. Reinosa tiene mucho más futuro que cualquier alcalde.
- Y de cara a una legislatura entera, ¿cuál sería su proyecto estrella para Reinosa?
- No creo demasiado en los proyectos estrella. Creo en las ciudades que funcionan. Puedes construir un edificio espectacular, pero si tienes las calles sucias, un parque abandonado, malos servicios o un vecino que llama al Ayuntamiento y nadie le responde, difícilmente puedes decir que tienes una buena ciudad.
Mi proyecto para una legislatura sería hacer de Reinosa una ciudad cada vez mejor para vivir. Cuidada, limpia, bonita, con buenos servicios, buenos parques, instalaciones deportivas, cultura, comercio y un Ayuntamiento cercano. Seguir recuperando lugares como Las Fuentes, Cupido o Campo Colorado. Eso puede parecer menos espectacular que una gran obra, pero es lo que determina cómo vivimos todos los días.
Y, a partir de ahí, sí tenemos retos estratégicos. El principal es La Vega. Necesitamos llenar nuestro polígono de actividad, facilitar que crezcan las empresas que ya están y conseguir que lleguen otras nuevas. Industria significa empleo, familias, comercio, población y futuro. El último proceso recibió 13 ofertas para nueve parcelas y ya hemos iniciado nuevos trabajos para mejorar y reordenar el suelo industrial disponible. Y sigue habiendo empresas llamando a la puerta. Mientras estamos reordenando su suelo para favorecer ese crecimiento.
Y hay otro reto fundamental si queremos crecer: la vivienda. No podemos pedir a nuestros jóvenes que se queden ni intentar atraer nuevas familias si después no encuentran dónde vivir. A las 19 viviendas públicas de alquiler asequible que ya se han incorporado se sumarán otras 39 viviendas protegidas en Avenida Castilla y cinco más de la Casa de los Maestros, hasta alcanzar las 63. Industria, empleo y vivienda tienen que caminar juntos si queremos que Reinosa vuelva a ganar población.
Me gustaría además dejar un proyecto importante para nuestros jóvenes. Llevamos tiempo buscando una alternativa de ocio y un espacio que puedan sentir suyo. Estamos explorando posibilidades como el antiguo edificio de UGT o el futuro del Concha Espina. Una ciudad que quiere recuperar población tiene que pensar mucho en quienes tienen 15, 18 ó 25 años y darles razones para quedarse, para volver y para hacer aquí su vida.
Y hay proyectos que quizá no tengan la apariencia de una gran obra, pero cambian una ciudad. Estamos trabajando para que Reinosa tenga una oficina permanente de la Policía Nacional, un servicio estable que actualmente solo existe en Santander, Torrelavega y Castro Urdiales y que convertiría a Reinosa en referencia para todo el sur de Cantabria. Ya hemos dado los primeros pasos para hacerlo posible.
Por eso, si tengo que elegir un proyecto para una legislatura, no elegiría un edificio. Elegiría conseguir que Reinosa vuelva a crecer. En empresas, en empleo, en vivienda, en servicios, en oportunidades y, ojalá, en población.
Mi proyecto estrella sería que dentro de cuatro años hubiera más gente queriendo quedarse en Reinosa que pensando en marcharse. Todo lo demás -La Vega, la vivienda, los jóvenes, nuestros parques, el comercio, los servicios- tiene que trabajar para conseguir eso.

- ¿En qué fase se encuentran las negociaciones con el Gobierno de España para potenciar el Polígono de La Vega de Reinosa?
- Primero haría una pequeña precisión. No hay una negociación entre el Ayuntamiento y el Gobierno de España para la compra del polígono. Casa 47, que es una entidad estatal, es precisamente la propietaria de ese suelo. Quien había planteado una oferta para adquirirlo era el Gobierno de Cantabria en 2024, y esa operación no depende del Ayuntamiento.
Lo que nosotros sí hemos hecho es volver a poner al Ayuntamiento de Reinosa en medio de todo lo que sucede en La Vega. Apenas un mes después de llegar a la Alcaldía viajamos a Madrid y nos reunimos con la presidenta de Casa 47, Leire Iglesias. Recuperamos una interlocución directa que necesitábamos y salimos de allí con un canal estable de comunicación y con compromisos concretos para dinamizar el polígono. Un canal que el Ayuntamiento de Reinosa antes tenía absolutamente cerrado.
Y los datos demuestran que La Vega tiene posibilidades. En aquel momento acababa de cerrarse un proceso en el que se habían recibido 13 ofertas para nueve parcelas. Nuestra obligación es aprovechar ese interés y conseguir que el polígono sea cada vez más atractivo: mejorar sus viales y accesos, su señalización y su imagen, modernizar su promoción y facilitar información a cualquier empresa que quiera instalarse en Reinosa.
Hay otra cuestión para mí todavía más importante: que las empresas que ya están en La Vega puedan crecer. Durante años se había trasladado la idea de que era el Gobierno de España quien impedía determinadas ampliaciones. Lo que hemos comprobado es que existen instrumentos para buscar soluciones. El Ayuntamiento ha asumido el liderazgo para estudiar modificaciones de planeamiento, cambios de uso y alternativas sobre el suelo, contando con el apoyo técnico de Casa 47. Eso es exactamente lo que estamos haciendo.
Y después está la posible compra por parte del Gobierno de Cantabria. Ahí mi posición es muy sencilla: que Casa 47 y el Gobierno regional se sienten, hablen y aclaren qué quieren hacer. Si existe interés real en adquirir La Vega, que se negocie entre propietario y posible comprador. Nosotros hemos pedido que se recupere ese diálogo y Casa 47 manifestó su disposición a retomar la relación con el Gobierno de Cantabria. No necesitamos más anuncios ni negociaciones a través de los periódicos.
Yo agradezco que, apenas un mes después de asumir la Alcaldía, en Madrid nos abrieran la puerta y nos sentaran a trabajar. Y desde entonces nuestra posición es la misma: Reinosa no puede quedarse mirando mientras otras administraciones hablan de su polígono.
A mí me importa bastante poco quién sea finalmente el propietario o quién pueda apuntarse políticamente el resultado. Me importa que La Vega tenga empresas, que las que ya están puedan crecer y que allí se genere empleo. Ese es el interés de Reinosa y ese es el que voy a defender. Y me da absolutamente igual de qué color político sea el Gobierno de Madrid o de Santander.
- ¿Para Reinosa es más importante tener un Gobierno del mismo color político en Madrid o en Cantabria?
- Para mí lo importante no es el color del Gobierno. Lo importante es que cuando Reinosa llame a una puerta, esa puerta se abra.
Yo soy alcalde de todos los vecinos, voten a quien voten, y cuando salgo de Reinosa para defender un proyecto no voy pensando en las siglas de quien está al otro lado de la mesa. Voy pensando en mi ciudad. Mi obligación es llamar a todas las puertas, trabajar con todas las administraciones y exigir a cada una lo que Reinosa necesita.
Y voy a actuar exactamente igual gobierne quien gobierne. Si una administración hace algo bueno para Reinosa, tendrá mi reconocimiento, aunque sea de un color político distinto al mío. Y si considero que no está atendiendo a mi ciudad como debería, lo diré con la misma claridad,aunque gobierne mi propio partido.
Eso no significa renunciar a mis ideas. Significa entender cuál es mi responsabilidad como alcalde. Las diferencias políticas son legítimas; convertirlas en obstáculos para una ciudad, no.
Al final, creo que los vecinos esperan algo bastante más sencillo de nosotros: que hablemos menos de quién gobierna dónde y consigamos que las cosas sucedan. Yo no quiero aliados políticos para Reinosa. Quiero administraciones aliadas de Reinosa.
Tampoco vamos a engañarnos: compartir color político puede facilitar a veces la comunicación o la interlocución. Pero lo que nunca puedo entender es lo contrario: que unas siglas sirvan para cerrar una puerta. Porque cuando una administración decide no atender a un alcalde por el partido al que pertenece, no le está haciendo un desplante a ese alcalde ni a su partido. Se lo está haciendo a toda una ciudad y a los vecinos a los que representa. Y ahí, conmigo, siempre va a estar Reinosa por delante de cualquier sigla.
- ¿Cuándo cree que llegará el AVE a Campoo?

- No me atrevería a dar una fecha cerrada porque no sería serio. Las previsiones que se han manejado sitúan la llegada de la nueva infraestructura de alta velocidad a Reinosa en el entorno de 2033, pero estamos hablando de una obra enorme y con muchos proyectos y tramos por delante. Lo importante es que ya no hablamos solamente de una intención: la alta velocidad hacia Reinosa está avanzando es una realidad imparable.
El último gran tramo, entre Alar del Rey y Reinosa, tiene unos 51 kilómetros, sus proyectos están en redacción y la inversión estimada ronda los 800 millones de euros. Por tanto, prudencia con las fechas, pero también confianza en que el proyecto está caminando.
Y nosotros estamos trabajando directamente con el Ministerio de Transportes para algo fundamental: que Reinosa esté preparada antes de que llegue el primer tren de alta velocidad. El ministro Óscar Puente estuvo aquí en junio y anunció la presentación del proyecto de la futura estación de alta velocidad y de la integración ferroviaria de Reinosa.
Y puedo adelantar algo: creo que va a ser un proyecto espectacular para Reinosa. No hablamos simplemente de adaptar un andén. Hablamos de una actuación capaz de transformar nuestra estación y todo su entorno ferroviario. Espero que muy pronto podamos conocerla todos porque creo que va a sorprender y que va a permitir imaginar cómo será esa nueva entrada del ferrocarril a la ciudad.
Además, tenemos por delante la supresión de los tres pasos a nivel y la reordenación ferroviaria asociada, actuaciones recogidas en el protocolo firmado por las administraciones. Estamos hablando probablemente de una de las mayores transformaciones urbanas y de comunicaciones de Reinosa en décadas. Es preparar nuestra estación, eliminar pasos a nivel que llevan toda la vida partiendo la ciudad, transformar nuestro entorno ferroviario y acercarnos a Madrid de una manera que puede cambiar nuestras posibilidades económicas, turísticas y empresariales.
¿Será 2032, 2033? Ojalá cuanto antes. Pero como alcalde tengo otra responsabilidad: conseguir que el día que la alta velocidad llegue a Cantabria por Reinosa encuentre una ciudad preparada para aprovecharla desde el primer minuto.
- ¿La aprobación del presupuesto hace unos días con el apoyo del PRC es el paso previo a un posible pacto con ellos del Gobierno municipal para la próxima legislatura?
No lo plantearía así. El presupuesto no se ha aprobado pensando en 2027, sino pensando en Reinosa y en lo que necesitaba ahora. Y lo que sí demuestra es que PSOE y PRC hemos sido capaces de actuar con responsabilidad y madurez, sentarnos, acordar prioridades y dar estabilidad a la ciudad.
Hemos comprobado que, aun teniendo diferencias, podemos compartir una determinada visión sobre muchas de las necesidades de Reinosa y llegar a acuerdos importantes cuando ponemos el interés de la ciudad por delante. Eso me parece mucho más relevante hoy que especular sobre futuros pactos.
¿Qué ocurrirá en 2027? Primero tendrán que hablar los vecinos. Ellos decidirán qué representación tiene cada uno y, a partir de ahí, llegará el momento de hablar. Yo no quiero repartir hoy un Ayuntamiento que todavía no han elegido los reinosanos. Sinceramente, ahora mismo esa es mi última preocupación.
Cuando llegue ese momento, tendremos la misma brújula que tenemos ahora: coherencia, responsabilidad y el interés de Reinosa por encima de cualquier cálculo partidista.
- En un hipotético escenario de pactos para el próximo gobierno, estaría más cerca de Reinosa En Común, ¿teniendo en cuenta que es un partido abiertamente de izquierdas o está más en sintonía con el PRC?
- Sinceramente, repito, ahora mismo esa es la última de mis preocupaciones. Créeme que no me levanto por la mañana pensando en las elecciones de 2027 ni haciendo cuentas sobre con quién podría pactar. No sabemos qué decidirán los vecinos, qué representación tendrá cada partido ni siquiera qué candidaturas se presentarán. Hablar ahora de repartir mayorías que todavía no existen me parece empezar la casa por el tejado.
Y hay algo que sí quiero que sepan los vecinos: que no busquen en mí la política de las etiquetas. No voy a decidir si un proyecto es bueno para Reinosa preguntando primero si quien lo propone es de izquierdas, de centro o de derechas. Miraré a las personas, miraré el proyecto y, sobre todo, miraré si es bueno para mi ciudad.
Yo tengo mis ideas y pertenezco a un partido, naturalmente. Pero ser alcalde me ha reafirmado en algo: Reinosa es mucho más plural que cualquier partido político. Y mi obligación es gobernarla entera.
Ahora tengo algo bastante más importante que hacer que preparar las próximas elecciones: aprovechar cada día que los vecinos me han dado para gobernar. Quiero llegar a 2027 pudiendo mirar atrás y saber que dejamos una Reinosa más cuidada, con más proyectos en marcha, más oportunidades y más futuro que la que encontramos. Es importante poder mirar a mis vecinos a la cara y tener la conciencia tranquila.
Después hablarán los vecinos. Y cuando hablen, todos tendremos que escuchar. Porque mi preocupación hoy no es con quién gobernaré mañana. Es gobernar bien hoy.












