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La vistas atrás | Valderredible

Loma Somera, 25 años de una rehabilitación integral

Loma Somera, 25 años de una rehabilitación integral

El objetivo de esta iniciativa pionera era recuperar la estética tradicional, mejorar la calidad de vida de los vecinos y devolver la dignidad a un pueblo rural con menos de una decena de habitantes censados

En octubre de 2001, la prensa regional se hacía eco del inicio de las obras de empedrado en Loma Somera, localidad del municipio de Valderredible. El proyecto contemplaba la pavimentación de las plazas y de la calle principal con piedra, la mejora de las calles secundarias mediante hormigón impreso, el acondicionamiento del arroyo y la construcción de pequeños muros de piedra para ordenar el entorno urbano.

Pero aquella actuación iba mucho más allá de renovar calles y plazas. Formaba parte de una iniciativa pionera que pretendía recuperar la estética tradicional, mejorar la calidad de vida de los vecinos y devolver la dignidad a un pueblo rural con menos de una decena de habitantes censados. Con un presupuesto global anunciado de unos 50 millones de las antiguas pesetas para las distintas actuaciones, el proyecto apostaba por una intervención integral, en la que la conservación del patrimonio y la mejora del espacio público fueran de la mano.

La iniciativa tuvo continuidad posteriormente en otras localidades, como Aldea de Ebro en Valdeprado del Río, extendiendo una forma de entender la recuperación de nuestros pueblos que merecía haber tenido un recorrido mucho más amplio.

Veinticinco años después, aquella experiencia sigue teniendo plena vigencia. Es más, algunas de las actuaciones que entonces se planteaban deberían retomarse y actualizarse, porque la conservación de nuestros pueblos no puede limitarse a mantener sus edificios y pavimentos. También es necesario cuidar el paisaje urbano, respetar la arquitectura tradicional y eliminar aquellos elementos que deterioran la imagen de nuestros cascos históricos.

Entre ellos destaca, especialmente, la maraña de cables de electricidad y telefonía que, en demasiadas ocasiones, cruza fachadas, se acumula en las esquinas y termina ahogando visualmente las casas de nuestros pueblos. Un problema que resta belleza a las construcciones tradicionales, dificulta la contemplación de sus fachadas y desvirtúa el esfuerzo realizado durante años para recuperar calles y espacios públicos.

La retirada de los tendidos innecesarios, la canalización soterrada de las redes cuando resulte técnica y económicamente viable y la ordenación del cableado existente deberían formar parte de una nueva etapa de recuperación rural. Una tarea que requiere la colaboración de las administraciones públicas y de las compañías suministradoras, pero que resulta fundamental si queremos preservar el patrimonio y ofrecer una imagen cuidada de nuestros pueblos.

Loma Somera fue hace 25 años un ejemplo de cómo una intervención decidida podía contribuir a recuperar un núcleo rural y abrir un camino que otros lugares siguieron después. Recordar aquella experiencia no es solo un ejercicio de memoria: es también una invitación a reconocer el valor de lo que se hizo y a reclamar que aquel espíritu pionero tenga continuidad.

Porque nuestros pueblos no necesitan únicamente conservar lo que queda. Necesitan recuperar lo que se ha deteriorado, eliminar los elementos que afean su arquitectura y seguir construyendo un futuro en el que vivir y pasear por ellos sea también una forma de disfrutar de su historia, su paisaje y su belleza.

Veinticinco años después, Loma Somera nos recuerda que recuperar nuestros pueblos es posible. Lo que hace falta es mantener la voluntad de hacerlo.