Hoy, miércoles, día 15 de julio, Isabel Gutiérrez Cianca, conocida por todos como "Tere", cumple100 años, un siglo de vida que resume la historia de toda una generación de mujeres que, con esfuerzo, sacrificio y una enorme fortaleza, sacaron adelante a sus familias en tiempos especialmente difíciles.
Tere nació en Bostronizo, localidad del municipio de Arenas de Iguña, el 15 de julio de 1926. Aunque su nombre completo es Isabel Teresa Gutiérrez Cianca, desde siempre ha sido conocida como "Tere", nombre que le fue añadido en el bautismo, según la costumbre de la época.
Es la séptima de once hermanos y, de aquella numerosa familia, hoy únicamente vive una hermana menor, de 94 años.
Su infancia y juventud transcurrieron en Bostronizo, donde conoció desde muy pequeña el valor del trabajo. Cuidó el ganado, trabajó la tierra y colaboró en todas las tareas necesarias para ayudar a sacar adelante a una familia numerosa en unos años marcados por las privaciones y el esfuerzo diario.
Al alcanzar la edad suficiente comenzó a trabajar sirviendo en casas ajenas y, con apenas veinte años, llegó a Bárcena de Pie de Concha para cuidar de unos niños. Allí conoció a Ángel Díaz, natural de la localidad, con quien contrajo matrimonio a los 23 años.
Como tantas parejas de su generación, comenzaron su vida juntos con muy pocos recursos, pero con una enorme capacidad de sacrificio. Tras años de trabajo consiguieron levantar su propio hogar y cultivar un pequeño terreno que Tere cuidó con dedicación durante toda su vida. Compartieron 65 años de matrimonio, construyendo una familia basada en el esfuerzo, la honradez y el cariño.
Fueron padres de Rafael Ángel y José Eulogio. Más tarde llegaron sus nietos, Ángel, Álvaro y José Ángel, y posteriormente sus bisnietos, Ángel, Helena y Bruno, que hoy representan la continuidad de una familia profundamente unida.
La vida también le deparó uno de los momentos más dolorosos que puede vivir una madre: la pérdida de su hijo mayor, Rafael, fallecido en un accidente de tráfico con tan solo 33 años. Un recuerdo que permanece siempre presente en su corazón y que nunca ha conseguido borrar el paso del tiempo.
Quienes la conocen destacan su carácter alegre, optimista y sereno. Siempre ha sabido encontrar el lado positivo de la vida, incluso en las circunstancias más difíciles, y nunca ha dudado en ayudar a quien lo necesitara. Su capacidad para transmitir tranquilidad, generosidad y esperanza ha dejado una profunda huella en su familia y en todas las personas que han compartido parte de su camino.
Desde hace cinco años reside en Matamorosa, Campoo de Enmedio, donde continúa recibiendo el cariño de familiares, vecinos y amigos.
Su hijo, José Eulogio, resume así la vida de Tere:
"La vida de mi madre ha sido como la de tantas personas de su generación: con momentos dulces y momentos muy amargos. Pero siempre ha sabido transmitir paz, serenidad y confianza a quienes hemos tenido la suerte de estar a su lado. Nos enseñó que el trabajo, la humildad y el amor a la familia son el mayor patrimonio que una persona puede dejar".
Con motivo de este centenario, toda su familia quiere rendir un homenaje a una mujer cuya vida representa la de tantas madres y abuelas que, desde el silencio y la sencillez, hicieron posible el bienestar de las generaciones que vinieron después.
El mejor regalo para Tere será celebrar este siglo de vida rodeada del cariño de sus seres queridos, agradecidos por su ejemplo y por el inmenso legado humano que deja cada día.
¡Felicidades, Tere, por tus 100 años de vida! Un siglo de trabajo, dignidad, amor y esperanza.
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