Sociedad | Cantabria

El Hermano Maximino de la Virgen del Carmen, vinculado a Reinosa, uno de los ochenta beatificados este sábado en Santander

Fotografía del Hermano Maximino en los Carmelitas de Reinosa y otra imagen del acto oficial celebrado este sábado en la Catedral de Santander.

Reinosa ha tenido este sábado, 7 de noviembre, una presencia muy especial en la solemne ceremonia de beatificación celebrada en la Catedral de Santander. Entre los 80 mártires que han sido reconocidos por la Iglesia se encuentra el Hermano Maximino de la Virgen del Carmen, cuyo nombre civil era Maximino Sáez Martínez y que estuvo estrechamente vinculado a la comunidad de Carmelitas Descalzos de la ciudad campurriana.

Aunque nació en Burgos el 16 de diciembre de 1916, su camino religioso le llevó hasta Reinosa, donde llegó a comienzos de julio de 1936, con apenas 20 años, para continuar su formación como novicio de la Orden del Carmen Descalzo. Allí formaba parte de una comunidad religiosa que había desarrollado una importante labor pastoral y espiritual desde su establecimiento en la ciudad, en 1930.

La ceremonia de beatificación ha estado presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, en representación del papa León XIV. El reconocimiento incluye a Francisco González de Córdova y 79 compañeros, cuyo decreto de martirio fue aprobado por el Santo Padre el pasado 22 de mayo.

Entre los nuevos beatos figuran también otros dos religiosos carmelitas descalzos: el padre Atanasio del Sagrado Corazón de Jesús y el Hermano Ruperto de la Cruz.

Su vinculación con Reinosa y su detención en 1936

La historia del Hermano Maximino está especialmente ligada a Reinosa. Había tomado el hábito carmelita el 20 de noviembre de 1934 y se encontraba en la comunidad reinosana cuando, durante el verano de 1936, la persecución religiosa obligó a los religiosos a dispersarse y buscar refugio.

Ante el aumento del peligro para sacerdotes y religiosos, Maximino se alojó en una casa-pensión conocida como «Las Quiterias». Sin embargo, finalmente fue detenido y trasladado al Colegio de San José, de los Hermanos Menesianos, que había sido habilitado como prisión.

Su vida terminó el 27 de diciembre de 1936, cuando murió mártir en el barco-prisión Alfonso Pérez, junto a otros compañeros de cautiverio. Sus restos fueron trasladados posteriormente a la cripta de la Catedral de Santander, el mismo templo que mañana acogerá la ceremonia en la que será proclamado beato.

Un reconocimiento con especial significado para Reinosa

La beatificación de este sábado supone un acontecimiento de especial significado para la historia religiosa de Reinosa y para el recuerdo de la presencia carmelitana en la ciudad. Aunque Maximino no nació en Campoo, fue en Reinosa donde desarrolló una parte importante de su vocación y donde se encontraba cuando los acontecimientos de 1936 cambiaron trágicamente el rumbo de su vida.

Casi noventa años después de su muerte, su nombre ha vuelto a estar presente en Santander, esta vez en una celebración que reconoce oficialmente su condición de mártir y beato de la Iglesia católica.

El acto de la Catedral de Santander

La presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, ha asistido este sábado en la Catedral de Santander al acto de beatificación del sacerdote Francisco González de Córdova y 79 compañeros mártires del siglo XX de la Diócesis, asesinados en la comunidad durante la Guerra Civil española.

Buruaga ha destacado el significado de esta celebración más allá de su dimensión religiosa - es un "reconocimiento histórico"-, y ha subrayado que la memoria de los nuevos beatos constituye una invitación a defender los valores que identifican a la sociedad y a fortalecer la convivencia.

"Y hoy, al recordar a estos 80 mártires, reafirmamos precisamente esos valores que queremos que nos identifiquen como sociedad", ha señalado Buruaga, quien ha añadido que "su legado no pertenece solo al pasado, sino que nos interpela también en el presente".

En este sentido, la presidenta ha puesto el acento en la importancia de "defender la dignidad de cada persona, de respetar al que piensa diferente y de preservar siempre los espacios de encuentro frente a quienes se empeñan en levantar muros entre unos y otros".

"Su memoria nos invita, en definitiva, a seguir construyendo una Cantabria y una España basadas en la paz, la libertad, el respeto y la convivencia entre todos", ha señalado.

La ceremonia religiosa ha estado presidida por el prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, el cardenal Marcello Semeraro, en representación del Santo Padre, y concelebrada por el obispo de Santander, Arturo Ros, y los tres últimos obispos que ha tenido la Diócesis -José Vilaplana, Vicente Jiménez y Manuel Sánchez-, además de otros prelados y numerosos sacerdotes.

El acto ha reunido a cientos de personas tanto en el interior de la Catedral como en sus exteriores, donde se han instalado pantallas para seguir la celebración. La ceremonia ha comenzado con la lectura del decreto de la Causa y una breve biografía de cada uno de los 80 mártires beatificados. A continuación, se ha descubierto un cuadro dedicado a los nuevos beatos de la Diócesis de Santander.

El proceso diocesano se inició en 2005 y concluyó el pasado 22 de mayo, cuando el papa León XIV firmó el decreto que autorizaba su beatificación.

Francisco González de Córdova tenía 48 años cuando fue asesinado y era párroco de Santoña. Encabeza esta Causa, integrada por otros 79 compañeros, de los cuales 67 eran sacerdotes diocesanos, tres religiosos carmelitas, tres seminaristas y siete laicos: cinco miembros de Acción Católica, un juez de Primera Instancia y un maestro católico.