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Opinión

Habitar el paisaje: del sentir al cuidado

Habitar el paisaje: del sentir al cuidado

Si tuviéramos que resumir en una palabra lo que nos dejan las jornadas Habitar el paisaje, sería "sentir"

SENTIR.Este ha sido el punto de partida e hilo conductor de las sesiones realizadas los pasados fines de semana del mes de agosto. Sentir el paisaje. Sentirnos parte de él. Sentirnos comunidad. Sentir aquello que nos alegra y también aquello que nos duele. Para, desde ahí, poder poner la mente al servicio del corazón. Recuperando y fortaleciendo los vínculos que nos unen a nuestro territorio y a nuestros vecinos y, desde ellos, poder pasar a la acción, para cuidarnos y cuidar nuestros paisajes.

Durante varias jornadas se han habitado diferentes lugares de Campoo Los Valles, con una misma invitación: detenerse en un espacio natural, permanecer en él y dar tiempo para estar realmente presentes. El agua, los árboles, la hierba, las montañas y todo aquello que habita alrededor ha formado parte de cada jornada. Y, junto a ellos, cada una de las personas que han llegado con sus propias historias, recuerdos y maneras de mirar nuestro entorno.

En estas jornadas se han compartido conversaciones, miradas y silencios. En ellas han estado presentes la sorpresa, el juego, la observación, la escucha, la creatividad, el arte y los compromisos para la acción.

Más que recorrer el territorio, las personas que han participado en las jornadas han tenido la oportunidad de detenerse en él y abrir puertas a los sentidos, a la memoria, a la conversación, a la escucha y a hacerse preguntas que quizás no surgen cuando pasamos demasiado deprisa por el paisaje.

Cartografías sensibles de lo vivido

Las cartografías sensibles han sido otro de los hilos conductores de las jornadas. A través de esta innovadora vía de expresión gráfica y creativa, cada participante plasmó en un lienzo de tela aquello que el paisaje le despertó: una emoción, un recuerdo, una sensación, un vínculo. Después, todas esas miradas se cosieron y entrelazaron, formando mapas colectivos que recogen la experiencia y vivencia de las sesiones realizadas.

En estas cartografías están muy presentes el agua y los árboles del entorno, ambos hablan y acercan a la vida, a la memoria, son refugio, raíces, calma, hogar y pertenencia. Con significados diferentes para cada participante, pero con una enorme capacidad de conectar cada historia individual con la historia de cada lugar.

En estos mapas colectivos han quedado plasmadas expresiones como corazón, vida, comunidad, cuidado, escucha, naturaleza o gratitud.

Poner en común todas esas miradas ayudó a tomar conciencia de que un mismo paisaje puede despertar experiencias muy diferentes para cada persona y, al mismo tiempo, reunirnos alrededor de aquello que compartimos y necesitamos.

La cartografía pasa así de ser únicamente una representación de un territorio a una representación de la relación que construimos con él y una vía excelente para comprometernos con su cuidado y regeneración.

Sentir, escuchar y regenerar

Todo este recorrido se apoya en las tres dimensiones que articulan la Pedagogía del Paisaje: sentir, escuchar y regenerar. Tres movimientos que llevan a conectar con nosotras y nosotros mismos, con nuestra a la comunidad y con nuestro entorno.
SENTIR permite darnos cuenta de lo que un paisaje despierta en nosotros, a los recuerdos y emociones que aparecen y nos conectan con la naturaleza, y a la necesaria sensación de pertenencia a un lugar.

ESCUCHAR abre espacio a los demás, a sus historias y a sus diferentes maneras de mirar un mismo territorio. Porque compartir miradas permite descubrir otras formas de comprender y habitar.

Y REGENERAR nos lleva hacia el entorno, hacia aquello que podemos hacer cuando el vínculo se convierte en deseo de cuidado.
Durante estas jornadas también ha habido espacio para agradecer, reconocer lo que duele y mirar al futuro. Para ampliar la mirada más allá de nuestro propio tiempo y preguntarnos qué queremos dejar a las próximas generaciones.

Habitar un paisaje implica reconocer aquello que está vivo, aquello que merece ser cuidado y aquello que queremos hacer para que permanezca.

Todo para, finalmente, ponerse en camino. Dejar que todo aquello que sentimos, pensamos y compartimos encuentre una dirección. Cada persona plasma un compromiso, no como una obligación o una tarea añadida a lo cotidiano, sino como una forma de continuar lo vivido.

Quizá aquí haya estado la clave principal de estas jornadas: transformar lo vivido en un motor para continuar adelante, elegir una esperanza activa y reconocer nuestra capacidad para participar en el cuidado y la regeneración de los paisajes que habitamos.
Ser agentes de cambio y regeneración empieza mucho más cerca de lo que pensamos.

Habitar un paisaje permite que un lugar nos toque lo suficiente y algo de nuestra manera de estar en el mundo cambie.

Las jornadas terminan, pero el camino continúa.

Agradecidos a todas y cada una de las personas y entidades que las han hecho posible.

Habitar el Paisaje es un proyecto impulsado por la Asociación Desarrollo Territorial Campoo Los Valles, está subvencionado por la Consejería de Fomento, Vivienda, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente del Gobierno de Cantabria y cuenta con el diseño metodológico y la facilitación técnica de Vanessa Cabuérniga, ingeniera forestal educadora, promotora de Bosque Raíz e integrante de la Red de Educadoras en Paisaje impulsada por Fundación Paisaje.

Habitar el paisaje se ha llevado a cabo durante el mes de agosto del año 2026 en la comarca de Campoo Los Valles.