La Tienda, espacio de arte (Calle Juan José Ruano, Reinosa frente al Impluvium) acoge del 5 al 30 de septiembre la muestra 'Éxtasis vegetal', una xposición colaborativa en la que Chelo Matesanz invita a Anadeli Gutiérrez, Blanca Fernández, Carmen Higuera y Víctor Fernández.
La inauguración será este sábado a las 12 del mediodía y la sala permanecerá abierta los lunes y sábados de 12 a 14 horas y los jueves y viernes de 18:30 a 20:30 horas.
"El viento rugió durante toda la noche salvo por algunos breves momentos de calma. Esta mañana, la totalidad del paisaje, mar y cielo, se fundía en un ocre brillante. El viento se llevó incluso la canción de la alondra. Ahora mis rosas están tristemente chamuscadas y el hinojo, prácticamente muerto.
Dentro de la casa, brotan las semillas: han germinado las amapolas californianas, el poleo y el cebollín. Esta tarde, un sol con niebla nos trajo algo de alivio, pero fue rápidamente ahogado por un tiempo plomizo que vino del oeste."
(Derek Jarman, Naturaleza Moderna, Caja Negra editora, 2019, p. 87)
Se atribuye a William Blake esta frase "El árbol que mueve a algunos a llorar de alegría es, a los ojos de otros, solo una cosa verde que se interpone en su camino". La cita pone de manifiesto que nuestra relación con la naturaleza no depende únicamente de aquello que tenemos delante, sino de nuestra capacidad para percibirlo, sentirlo y establecer un vínculo con ello. La receptividad de la mente no se limita a una experiencia de contemplación o de reconocimiento de un ambiente exterior, el nuestro y cercano, sino que implica una dimensión afectiva en la que los cuerpos, los lugares y las experiencias se encuentran y se transforman mutuamente.
La inteligencia humana es capaz de hacer infinitas creaciones con la naturaleza, también con las manos, y ambas cosas digamos que pueden mejorar la salud física y psicológica de la persona. Favorecen una relación directa con el cuerpo, los materiales y el entorno, y nos alejan, aunque sea temporalmente, de formas de vida más caracterizadas por la velocidad, la sobreestimulación y la creciente mediación tecnológica. Cuando lo que hacemos produce un resultado que se puede ver y tocar podemos empezar a sentirnos más conectados con el mundo, a tener la creencia o percepción de que tenemos la capacidad y los recursos para transformar o influir en el entorno, guiar nuestras acciones y alcanzar metas.
Las manos han constituido una de las principales formas de contacto y conocimiento de lo que nos rodea: tocar, recoger, cultivar, modelar, tejer, construir o transformar materiales naturales son prácticas que nos han permitido comprender y habitar el mundo. Antes de que la experiencia quedara progresivamente mediada por dispositivos y tecnologías, gran parte de nuestro conocimiento cotidiano surgía del contacto directo con la materia. Pensar hoy estas formas de relación puede adquirir una dimensión especialmente significativa. Trabajar con las manos, entrar en contacto con materiales naturales o atender a los ritmos del entorno supone recuperar una experiencia más corporal y situada, capaz de generar sensaciones de presencia, cuidado y arraigo. En este sentido, la relación con la naturaleza no solo responde a una necesidad de conservación del medio, sino también a una necesidad humana de pertenencia y conexión.
Chelo Matesanz












