Después de muchos años sin visitar la Colegiata románica de San Martín de Elines (Valderredible), hace casi dos semanas regresé acompañado de la familia. La ilusión por volver a contemplar uno de los grandes referentes del románico cántabro dio paso a una profunda decepción al comprobar el estado de su entorno. El terreno que la enmarca presentaba un aspecto completamente seco y descuidado, dando una evidente sensación de abandono que contrasta con la imagen que este monumento merece ofrecer.
El recuerdo es bien distinto. A comienzos de la década de 2000, cuando el párroco era Bertín Gutiérrez, el entorno de la Colegiata llamaba la atención por el excelente mantenimiento que presentaba. Incluso era conocido el uso de un robot cortacésped, una solución poco habitual entonces, que contribuía a mantener el manto verde en perfectas condiciones. La diferencia entre aquella imagen y la actual resulta llamativa.
Con independencia sobre quién tenga o no la competencia, lo verdaderamente importante es que un monumento de la relevancia histórica, artística y turística de la Colegiata de San Martín de Elines proyecte una imagen acorde con su valor patrimonial.
Cada año son numerosos los visitantes, tanto nacionales como extranjeros, que se acercan hasta este enclave para admirar uno de los mejores ejemplos del románico del norte de España. El estado de su entorno constituye, en muchos casos, la primera impresión que reciben quienes llegan hasta el monumento.
Por ello, sería deseable que las administraciones implicadas revisaran la situación y adoptaran las medidas necesarias para recuperar el aspecto cuidado que durante años caracterizó a este emblemático lugar. Conservar el patrimonio no solo significa proteger sus muros y su historia, sino también dignificar el espacio que lo rodea y ofrecer a vecinos y visitantes una imagen acorde con la importancia cultural de dicho enclave.
Por J. L. Sardina












