Bajo los prados de Retortillo, localidad de Campoo de Enmedio, todavía queda mucho de Julióbriga por descubrir. Las campañas arqueológicas que durante décadas han ido recuperando la ciudad romana permiten ahora conocer con mayor precisión uno de sus grandes espacios residenciales: la Casa de los Mosaicos, una vivienda de más de 1.100 metros cuadrados que, por sus dimensiones, su organización y la presencia de unas pequeñas termas privadas, constituye uno de los ejemplos más destacados de arquitectura doméstica del yacimiento.
La excavación de este verano continúa una investigación que no comenzó ayer. La Casa de los Mosaicos ya había proporcionado importantes hallazgos en campañas anteriores, pero los nuevos trabajos están permitiendo completar la lectura de un edificio cuya verdadera dimensión se ha ido descubriendo poco a poco.
«Queda todavía mucho para contar con el plano completo del edificio», explicaba el arqueólogo Juan José Cepeda Ocampo en uno de sus trabajos sobre Julióbriga. La frase resume bien el estado actual de la investigación: buena parte de la casa está identificada, pero todavía quedan espacios por excavar, conexiones por interpretar y preguntas por responder.
Una casa de más de mil metros cuadrados
La Casa de los Mosaicos se articula en torno a un gran peristilo, un patio porticado que actuaba como eje de distribución de la vivienda. Alrededor de este espacio se organizaban diferentes habitaciones y áreas con funciones muy distintas: estancias privadas, espacios de representación y dependencias vinculadas al servicio doméstico.
Los restos conservados permiten reconocer parte de los pórticos y los elementos arquitectónicos que los componían, entre ellos apoyos de columnas y otros materiales constructivos.
La dimensión del edificio es uno de los aspectos que más llama la atención. Con una superficie superior a los 1.100 metros cuadrados, la vivienda se sitúa entre las grandes residencias conocidas en Julióbriga.
Su tamaño, su organización interna y la existencia de instalaciones termales propias hablan de una familia con una posición económica y social destacada dentro de la ciudad.
Cepeda lleva años estudiando precisamente este tipo de arquitectura. En un trabajo dedicado a las casas de peristilo de las ciudades del norte de Hispania analiza cómo estos edificios permiten aproximarse a las formas de vida y a la organización social de las comunidades romanizadas.

Una vivienda con sus propias termas
Uno de los elementos más singulares de la Casa de los Mosaicos se encuentra en su sector termal.
La residencia disponía de unas pequeñas termas privadas, integradas en el propio conjunto doméstico. La excavación ha permitido identificar diferentes espacios vinculados al baño, entre ellos el área fría y el espacio destinado al baño caliente, además de las dependencias necesarias para generar y mantener el calor.
La construcción y mantenimiento de unas termas dentro de una vivienda requería espacio, recursos y una infraestructura considerable. Su presencia constituye, por ello, uno de los indicadores más claros de la categoría de la residencia.
La investigación de estas instalaciones permite además conocer cuestiones mucho más concretas: cómo llegaba el agua, cómo se calentaban las habitaciones, cómo se evacuaban los residuos y cómo se organizaban las distintas fases del baño romano.
Es precisamente ese tipo de información cotidiana la que convierte una excavación arqueológica en algo más que la recuperación de muros antiguos.
Los mosaicos que dieron nombre a la casa
La denominación de Casa de los Mosaicos procede de un pavimento teselado bícromo descubierto en 1984, en una de las estancias relacionadas con las instalaciones termales.
Aquel hallazgo fue una primera pista de la importancia del edificio. Décadas después, las nuevas excavaciones permiten entender que aquel mosaico formaba parte de una residencia mucho mayor, organizada en torno a un patio y dotada de diferentes áreas functionales.
La investigación ha ido reconstruyendo así una vivienda compleja, en la que convivían espacios destinados a la representación social de sus propietarios con habitaciones privadas y zonas de servicio.
La Casa de los Mosaicos también ayuda a entender que no todos los habitantes de Julióbriga vivían igual. Junto a las grandes residencias de peristilo existían viviendas de dimensiones mucho más reducidas y espacios relacionados con actividades artesanales, agropecuarias y de almacenamiento.
La ciudad romana era, como cualquier ciudad, un espacio de diferencias sociales. Las grandes casas permiten reconocer a las familias con mayores recursos y acercarse a sus hábitos, mientras que las viviendas más modestas muestran otras formas de ocupar y utilizar el espacio urbano.
Por eso, para los arqueólogos, apunta Juanjo Cepeda, cada nueva habitación descubierta tiene importancia. No se trata únicamente de completar un plano, sino de reconstruir una sociedad.

Tres investigadores y un trabajo que continúa
Detrás de las actuales excavaciones existe además una larga trayectoria de investigación.
El proyecto Paisaje Histórico Campoo-Los Valles, desarrollado por la Universidad de Cantabria, tiene como objetivo estudiar la formación y evolución del paisaje arqueológico del sur de Cantabria durante la Antigüedad y servir de base para futuras actuaciones de conservación, puesta en valor y divulgación del patrimonio.
El proyecto tiene como objeto de estudio el proceso de conformación del paisaje arqueológico en el área meridional de la actual comunidad de Cantabria. En esa trayectoria aparecen tres nombres especialmente vinculados a la dirección de las investigaciones: José Manuel Iglesias Gil, Carolina Cortés Bárcena y Juan José Cepeda Ocampo.
Iglesias Gil fue uno de los investigadores que impulsaron y dirigieron las primeras etapas de este trabajo territorial. Su nombre aparece además ligado a investigaciones sobre el paisaje arqueológico de Campoo y a la propia trayectoria de las excavaciones de Julióbriga.
Posteriormente, Carolina Cortés Bárcena asumió un papel protagonista en la dirección de las investigaciones. Su vinculación con el proyecto ha continuado durante los últimos años y actualmente aparece también como codirectora de las excavaciones de Julióbriga junto a Juan José Cepeda en actividades de divulgación de los resultados.
Y Juan José Cepeda Ocampo representa la continuidad actual de esta línea de investigación. Doctor en Historia por la Universidad del País Vasco y profesor e investigador del Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Cantabria, su trayectoria está estrechamente vinculada al estudio de la Antigüedad en el norte de la península ibérica, con especial atención a las formas de poblamiento, la cultura material, la epigrafía, la economía romana y la numismática de la Antigüedad tardía.
Su relación con Julióbriga se extiende además al trabajo de campo y al análisis de la arquitectura y el poblamiento de la ciudad romana. Cepeda ha participado y dirigido diferentes proyectos arqueológicos en el norte peninsular y se ha convertido en una de las referencias actuales para el conocimiento del yacimiento y de su territorio.
En sus investigaciones sobre la arquitectura doméstica romana, las casas organizadas en torno a peristilos ocupan también un lugar destacado. Esa mirada resulta especialmente útil para interpretar la Casa de los Mosaicos. El edificio no es únicamente una construcción de grandes dimensiones: su distribución, sus espacios termales y los elementos recuperados permiten plantear preguntas sobre quiénes pudieron habitarlo, cómo utilizaban la vivienda y qué posición ocupaban sus propietarios dentro de la sociedad de Julióbriga.
La propia investigación sigue abierta. Como ha señalado Cepeda al referirse a la Casa de los Mosaicos, todavía queda trabajo por delante hasta completar el plano del edificio. Cada nueva campaña puede aportar habitaciones, estructuras y materiales que ayuden a precisar la evolución de la vivienda y su relación con el resto de la ciudad.
Pero el principal protagonista de esta campaña sigue siendo el propio yacimiento. Mientras los visitantes contemplan los restos que ya han salido a la luz, los arqueólogos continúan trabajando unos centímetros más abajo, tratando de completar la planta de una vivienda que hace casi dos mil años formó parte de la vida urbana de Julióbriga.
La Casa de los Mosaicos todavía no ha terminado de contar su historia. Sus más de 1.100 metros cuadrados, el gran peristilo, las dependencias domésticas y sus pequeñas termas privadas ofrecen ya una imagen excepcional de la vida de una familia acomodada en la ciudad romana.












