an pasado veinticinco años desde que el entonces Ministerio de Fomento anunciara la supresión del paso a nivel que une Reinosa y Matamorosa, una infraestructura que desde hace décadas condiciona la movilidad y la seguridad de miles de vecinos de la comarca.
Las hemerotecas no dejan lugar a dudas. En junio de 2001, se informaba de que el Ministerio trabajaba ya en un proyecto para eliminar este paso a nivel, considerado uno de los principales puntos negros del municipio. Apenas unas semanas después, en agosto del mismo año, el Ayuntamiento de Campoo de Enmedio aprobaba la alternativa propuesta por Fomento: un nuevo trazado con un paso elevado sobre el río Híjar y un paso inferior bajo las vías del ferrocarril.
Los titulares de entonces hablaban de una solución inminente. Se destacaba que la obra acabaría con los problemas de tráfico, mejoraría la seguridad de conductores y peatones y evitaría nuevas tragedias en un cruce donde ya se habían producido accidentes mortales.
Sin embargo, un cuarto de siglo después, la realidad apenas ha cambiado. Los vecinos continúan soportando las barreras del paso a nivel, los atascos diarios y el estrecho puente de un solo carril que obliga a regular el tráfico entre Reinosa y Matamorosa.
La historia volvió a escribir un nuevo capítulo el pasado 1 de septiembre de 2025, cuando el Gobierno de Cantabria, ADIF y los ayuntamientos de Reinosa y Campoo de Enmedio firmaron un protocolo para la reordenación ferroviaria que contempla, entre otras actuaciones, la eliminación de tres pasos a nivel, incluido el de la Avenida de Castilla, y la ampliación del puente sobre el río Híjar para disponer, por fin, de un carril por sentido de circulación.
El acuerdo representa un paso importante, pero los vecinos reciben el anuncio con una mezcla de esperanza y prudencia. Después de veinticinco años de anuncios, proyectos y compromisos, la comarca espera que esta vez las palabras se transformen en obras.
Porque no se trata únicamente de mejorar la circulación. Se trata de poner fin a una situación que afecta a la seguridad vial, a la movilidad diaria y al desarrollo de una comarca que lleva demasiado tiempo esperando una solución prometida desde el siglo pasado.
Las administraciones tienen ahora la oportunidad de cerrar una deuda histórica con Reinosa y Matamorosa. La mejor manera de conmemorar estos veinticinco años no es recordar las promesas, sino comenzar, de una vez por todas, las obras que permitan que este paso a nivel pase definitivamente a la historia.











