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Cultura | Vive Campoo

La algarabía del zamarrón

El historiador Luis Walias y la Asociación de Amigos de Los Carabeos recuerdan la historia de los zamarrones de Lanchares y Arroyal

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La algarabía del zamarrón

Los zamarrones de Arroyal de los Carabeos

Alba Ariz | Vive Campoo | 06/09/2018

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La costumbre de disfrazarse por un día de zamarrón aún perdura en la mente de los mayores de las localidades de Lanchares y de Arroyal de Los Carabeos. Luis Walias, historiador y arqueólogo del Ayuntamiento de Campoo de Yuso, está realizando una investigación que revela los detalles de una festividad que se celebra justo antes de la cuaresma. Estudio que, junto a las informaciones de la Asociación de Amigos de Los Carabeos, conforma un mapa figurativo que muestra el desarrollo de la tradición de origen prerromano en ambas localidades campurrianas desde la tercera década del siglo pasado hasta la actualidad.

La historia de los zamarrones no establece un inicio específico conocido, pero Luis Walias remonta su origen a las culturas celtas e indoeuropeas cuyo desarrollo ha seguido una tendencia pagana, "es una línea paralela del carnaval moderno porque ha mantenido la tradición prerromana". En los años treinta y cuarenta, los mozas y las mozas de Lanchares de dieciséis o más se vestían con pieles de ovejas, ropajes viejos y máscaras, "indumentaria que recuerda a la tipología del zamarrón negro agrario y rural". También, apunta, "se disfrazaban de viejos o los hombres de mujeres y las mujeres de hombres". El objetivo de la actividad consistía en salir a recorrer las calles de la localidad, el martes de carnaval o Día de San Antruido generando gran algarabía, mientras los jóvenes solteros, acompañados con las panderetas, cantaban coplas y se acercaban casa por casa para solicitar un aguinaldo no monetario, "después se unían para organizar una cena similar a la que se realiza con motivo de las marzas".

En el municipio de Valdeprado del Rio la Asociación de Amigos de Los Carabeos incide en la personalidad particular de la indumentaria de los zamarrones de Arroyal. El predominio del blanco del disfraz va acompañado con diversas prendas de vestir: una montera adornada con papeles de colores, una careta de cartón para ocultar la identidad, una camisa blanca, calzones blancos confeccionados con almohadones decorados con bordados y puntillas, una esclavina preparada con faldones de bautizar a los niños, botas y polainas de cuero, un vergajo de cuero trenzado, una pértiga de madera y colleras, es decir, dos hileras de campanos sujetas a la cintura.

Unidos por la cultura, los amigos de Los Carabeos recuerdan como la tarde del Domingo Gordo los zamarrones, acompañados por las comparsas, recorrían el camino que distanciaba ambas partes del concejo. Durante el trayecto cantaban coplas y canciones que hacían alusión a una persona o familia determinada, a un hecho acontecido en el pueblo o a las autoridades eclesiásticas o civiles, "en estos casos debían actuar con muchas precaución". Además, avanzaban dando saltos en diferentes direcciones, haciendo resonar los campanos de sus colleras de forma acompasada. "¡Una perruca!, ¡una perruca!", solicitaban a los espectadores y transeúntes, disimulando su voz para no ser identificados. "A quien se negaba, le pegaban con el verdajo", señalan. Persiguiendo a aquellos que salían por patas. El martes, Día de San Antruido, sucedía algo similar, aunque los niños adquirían mayor protagonismo. Quienes, imitando a los mayores, invadían las calles cantando y haciendo resonar campanos y cencerros. 'El Ricachón', una de las coplas que amenizaba la jornada finalizaba así:

 "Al llegar a la estación,
el señor iba temblando
y al ocupar el asiento
notó que estaba muy blando.

Al llegar a su destino,
él con mucho disimulo,
se cambió los calzoncillos
que tenía pegados al culo."

Cánticos que se interrumpieron el 12 de enero de 1940, cuando el Boletín Oficial del Estado del Gobierno de Franco ratificó la orden de 1937 y resolvió "mantener la prohibición absoluta de la celebración de las fiestas de Carnaval". La orden está firmada por el cuñado del entonces Jefe de Estado Ramón Serrano Suñer, que ocupó las carteras de Gobernación y Asuntos Exteriores. "En los pueblos como Lanchares se mantuvieron unos años porque al estar aislados no estaban tan controlados", aclara el arqueólogo. "Hoy en día la festividad de los zamarrones se ha pervertido un tanto, hasta transformarse casi en una muestra más del carnaval moderno", explica, "aún así, siguen recorriendo Lanchares solicitando el tan ansiado aguinaldo".

Para la recuperación de los zamarrones en Arroyal de Los Carabeos, apuntan desde la Asociación de Amigos, la actuación de la familia de Luis Ramón "fue fundamental". En el 2000, sin previo aviso, aparecieron disfrazados en la plaza principal el día de la fiesta patronal. Desde ese momento, el traje de zamarrón revive una tradición perdida por más de cuarenta años.

Lanchares y Arroyal de Los Carabeos han querido retomar y revivir una costumbre que agrupa y arropa, uniendo a los habitantes de cada localidad, "hijos, sobrinos y nietos del pueblo se trasladan desde la ciudad sólo para conseguir el aguinaldo", resalta Luis Walias. Una tradición que persiste y que recuerda como a pesar de las prohibiciones la memoria continuará despierta si las voces la preservan.

 

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